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Es difícil escribir para despedirse. Por eso no comprendo el exacto contenido de la muerte. Hace unos días vino, y al menos se llevó a un amigo. No ha desertado del mundo, dije, porque prefiero recordarlo vivo. Tuve remordimientos ante la noticia que golpea desnuda, tal vez por no haber sido oportuno saludarlo, advirtiendo que mejora y que se pondrá bien, pero dejando sentado también que, sin súplicas, la muerte ese día lo había vencido. Se adelantó a nuestro destino común.

Muchos años nos unieron y sin temor a la duda siempre hablábamos de los temas cotidianos, aburridos en el intercambio de los buenos consejos. Regalándonos la nostalgia de los piadosos tiempos, la fechoría de los sueños que nunca alcanzamos. Endulzábamos la explicación de que el Derecho es curvo y que la justicia nunca pintó una puesta de sol donde allanar las angustias. Que los términos pasaron y que murieron de prisa o sobrevivieron para volver a morir otra vez.

Tocamos las mismas puertas, unas cerradas y otras sin quicios. Asistimos donde las leyes y los argumentos se debaten inútiles y pasamos por un juez que sin piedad predica los triunfos sobre una sentencia que no deduce nada.

Ideológicamente construimos separados la torre de las paradojas. No se puede gobernar para despreciarnos mutuamente y construir un mundo que restrinja un sitio para todos, le dije.

Para recordarlo en su estado natural no voy a examinarlo, más que en la vasta dimensión de su amistad, defendiéndola con alegría. En esa intimidad guardo su imagen, la del colega que residió en tantos lugares institucionales, en la breve historia de esta nación que hoy apuesta con esperanzas a un futuro mejor. Descansa en paz el Doctor Noel Alonso Rivera Gadea.

 

* Abogado y notario.

abogacia_almendarez@hotmail.com