•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

“Hoy voy a bailar de alegría”, “sacrificar a los perros es y sería una injusticia, porque ellos están cumpliendo con su deber que es proteger los intereses del propietario, así de simple, esa muerte se la buscó el mismo Canda” “Me parece excelente; ¡ya era hora de pasar la página!”, decían los correos publicados por La Nación de Costa Rica, en relación a la nota que informó la absolución de los delitos de homicidio culposo a siete policías que no brindaron auxilio al nicaragüense Leopoldo Natividad Canda, matado por dos perros Rottweiler, el 10 de noviembre del 2005.

La mayoría de los lectores opina en esa línea y sólo unos pocos se muestran indignados, horrorizados de que no se haya hecho nada o de que se hubiese puesto por encima la vida de los perros a la del nicaragüense.

¿Qué se hará ahora en Nicaragua? Sin afán de venganza o de nacionalismo trasnochado, no debemos “pasar la página” como harán en Costa Rica y olvidarnos de uno de los hechos de discriminación más lamentables.

La absolución se basa en argumentos tan absurdos como que los policías no sabían usar sus armas o que no había suficiente luz. La madre de Canda dijo que su hijo entraba al taller porque su dueño le regalaba chatarra, lo mismo que a otros tres hombres. Y aun suponiendo que intentara cometer un hurto. ¿Era razón para asistir calmadamente a una escena tan atroz? No hubo siquiera un tiro al aire, gestos que denotaran angustia, ninguno de los policías alzó los brazos o gritó para espantar a los perros como hubiese hecho cualquiera con un mínimo de humanidad. En la televisión vimos la espeluznante filmación de unos hombres contemplando impasibles la masacre.

Lo que este caso evidencia es que no hay límites para la insensibilidad y el desprecio hacia la vida humana cuando prevalecen la discriminación y el racismo. Y ahora, ante la impunidad de los hechos no podemos menos que preguntarnos ¿Si Canda hubiese sido costarricense, ¿lo hubiesen salvado? ¿hubiesen absuelto a quienes lo dejaron morir?

Este ha sido quizás el caso más terrible de la discriminación que sufren los nicaragüenses en Costa Rica. Y lo peor es que el registro fílmico de su muerte no fue seguido por una ola de espanto ni por una respuesta contundente de la sociedad costarricense, sino por increíbles declaraciones en los medios de comunicación que hicieron y aún hoy hacen chiste y hasta celebran la muerte del nicaragüense.

De ser costarricense, me hundiría en la vergüenza ¿Cómo es posible que una nación con altos niveles de educación exhiba semejante miseria moral? Este caso debería promover un fuerte debate sobre el hondo racismo, xenofobia y chovinismo que aqueja a muchos costarricenses que creen que su nacionalidad es superior y reflejan desprecio, burla y hostilidad hacia los nicaragüenses.

Quienes se aprestan a bailar por la absolución de los policías deberían recordar que su país suscribió la Convención internacional sobre la eliminación de todas las formas de discriminación racial. Para ayudarles retomo las palabras de Elayne Whyte, viceministra de Relaciones Exteriores de Costa Rica, quien en la Conferencia Mundial contra el Racismo, la Discriminación Racial, la Xenofobia y Formas Conexas de Intolerancia, realizada en Durban en el 2001, afirmó que “en la actualidad, la concepción tradicional de soberanía de los estados se redefine, el valor de los derechos humanos trasciende los espacios nacionales y su protección y promoción no es más un asunto interno, sino una legítima preocupación universal. En esa ocasión dijo que “Costa Rica asume el compromiso de reconocer la realidad multirracial, multiétnica, multilingüe y multicultural de todas las sociedades, e inculcar el respeto a los valores de la diversidad, el pluralismo, la tolerancia, el respeto mutuo, la sensibilidad cultural, la integración y la inclusión.”

Y agregó que Costa Rica se comprometía a “evitar que bajo el amparo del ejercicio de las libertades y derecho de expresión se faculte la elaboración y transmisión de propaganda que incite al odio étnico-racial o la reproducción de patrones estigmatizantes, racistas o discriminatorios, en contra de individuos o grupos raciales o étnicos”.

Así debería ser, pero la deplorable conclusión del caso Canda y todo el ambiente xenofóbico que lo ha rodeado pone en cuestión el compromiso y las buenas intenciones manifestadas. Toca entonces a Nicaragua tomar cartas en este asunto y buscar justicia más allá de los espacios nacionales.

 

* Directora Centro de Prevención de la Violencia