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Se cree que el avestruz esconde la cabeza en la tierra, con la sonsa idea en mente de que si ella no ve a nadie, tampoco nadie la ve a ella. Humberto Ortega copia esta estrategia… en medio de una conflagración mundial.

A su tiempo, se deberá emitir un juicio histórico sobre la responsabilidad específica de la conducción militar durante la guerra de los años ochenta.

Ortega, en un artículo titulado “Geopolítica y el Canal No Alineado”, publicado en la edición de El Nuevo Diario del 17 de octubre, muestra que carece de la simple percepción de una alternativa revolucionaria en los acontecimientos mundiales. El pensamiento de Ortega, en este artículo, además de contradictorio y desinformado, corresponde a la visión oligárquica, provincial y al margen de la historia. Escribe Ortega:

“La crisis económica mundial se ha convertido en la tormenta recesiva que desde la década de los 70 viene acumulando Estados Unidos”.

Quizás, Ortega quiso decir exactamente lo contrario: la tormenta recesiva que desde los 70 viene acumulando los Estados Unidos, se ha convertido, en 2007, en una crisis económica mundial.

En todo caso, ello tampoco es cierto. Ya que el crecimiento económico de las últimas décadas de todos los países desarrollados –actualmente en crisis- se sostenía en un modelo capitalista que generaría un colapso estructural, al favorecer el consumo con base a créditos tóxicos; al incrementar el gasto presupuestario (por la corrupción excesiva de la burocracia política y administrativa) acrecentando el déficit fiscal; al promover la especulación inmobiliaria; y por los desajustes irracionales producidos por el neoliberalismo, al privatizar los servicios sociales a manos del mercado.

Estados Unidos entró en recesión en 2001. Que enfrentó con la oferta de un exceso de dinero fácil, entre 2000 y 2007. El académico derechista, Thomas E. Woods, señala que durante esos siete años se imprimió más dinero que en toda la historia anterior de los Estados Unidos (generando una demanda ficticia, sin respaldo económico).

Ortega escribe irresponsablemente sobre el rumbo bélico del sistema capitalista:

“Ideólogos conservadores alientan se domine el petróleo para controlar las naciones y el alimento para controlar a la gente; y ser EU la superpotencia que se imponga en una no descartable nueva guerra mundial”.

O sea, conforme a la redacción –al estilo Tarzán- de Ortega, los EU se impondrán en la próxima guerra mundial al controlar anticipadamente el petróleo y los alimentos. Es decir, la guerra –que se daría a continuación, según Ortega- no tendría otro objetivo que el de reducir a polvo a sus competidores más eficientes.

Una guerra nuclear, una nueva guerra mundial no es posible sin ningún sobresalto social. Se requiere un poder dictatorial para desatar una guerra de exterminio a nivel planetario. La humanidad experimentaría un impresionante salto hacia atrás, hacia formas primitivas de imposición política, con tiranía y penuria.

¿Y los ideólogos revolucionarios –filósofos, economistas, políticos- no trazarían estrategia alguna de resistencia activa ante esa amenaza del capitalismo a la sobrevivencia planetaria? Estrategia a la cual tendría que alinearse toda persona sensata para derribar el poder que conduciría a la barbarie.

Por ello, resulta vergonzosa y ridícula la evolución de la realidad mundial que relata Ortega, desde la visión política autónoma y discrecional de la oligarquía de un pequeño país pre-capitalista. Sólo a un burócrata, políticamente autoritario e iletrado, se le puede ocurrir que la clase dirigente de un país desarrollado pueda desatar una guerra mundial a voluntad (sin considerar los riesgos para los intereses del poder económico globalizado, por la reacción de los pueblos).

Quien prevé una guerra mundial debe definir las contradicciones de intereses sociales de las fuerzas en conflicto, y sus tendencias incompatibles de desarrollo.

¿Qué prestaciones daría la gente a cambio de alimentos, según Ortega? ¿Cuál sería la nueva relación social de producción, objeto de una guerra mundial? ¿Cuál es el orden económico y político alternativo que resultaría con la victoria de las distintas fuerzas que participarían en el conflicto?

Ortega, embriagado por la visión oligárquica, escribe una sandez mayúscula:

“Nicaragua debe fortalecer su posición “No Alineada” y proyectos como el Canal Interoceánico lo construyamos sin ser arrastrados en esta vorágine apocalíptica”.

He aquí la estrategia infantil del avestruz. Según Ortega, una guerra mundial no nos afectaría si mantenemos una posición No Alineada. Y tal conflicto no nos impediría construir y controlar un Canal Interoceánico, al margen del resultado del conflicto mundial.

Además, ya el actual gobierno, al acatar los programas del Fondo Monetario Internacional (sin la menor autonomía nacional para diseñar un programa de desarrollo económico), está más alineado que ningún otro, dentro del neoliberalismo.

 

* Ingeniero eléctrico