Jorge Eduardo Arellano
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El comercio de América Latina y el Caribe (LAC) con China muestra el crecimiento más portentoso de todas las regiones del planeta con la región en el curso de los últimos 12 años.

Si bien Estados Unidos continúa siendo el destino del 40% de las exportaciones, y China representa sólo un 9%, el dinamismo de esos intercambios comerciales con el dragón de Asia es insuperable, según datos de la Comisión Económica para América Latina, CEPAL.

En 1949, año del triunfo de la revolución comunista china, el comercio entre las dos regiones era prácticamente inexistente. Hasta la década de los 90, fue muy reducido y escasamente significante para ambos lados.

Sin embargo, la década pasada vio una explosión de los intercambios comerciales gracias al crecimiento de 10% anual de la economía del gigante de Asia y a un insaciable apetito por las materias primas del mundo. En 2005, el comercio alcanzó un volumen de US$ 50 mil millones. Apenas dos años después, la cifra pasó a US$100 mil millones, según el Ministerio de Comercio Exterior de la República Popular China, RPC.

En la actualidad, la balanza comercial es de unos US$250 mil millones, según la CEPAL: LAC exporta US$ 100 mil millones e importa US$ 150 mil millones.

Este año, el primer ministro chino, Wen Jiabao, dio un discurso en la sede de la CEPAL en Chile y dijo que su país busca aumentar el comercio con LAC a 400 mil millones de dólares anuales. Por otro lado, anunció la creación de un fondo de cooperación de 5,000 millones de dólares y de otro fondo de inversión de 10,000 millones; a la vez, habló de una iniciativa para crear una reserva alimentaria de 500,000 toneladas.

Fuera de los evidentes beneficios del comercio, el aspecto negativo de esta interacción con la RPC es la concentración de las exportaciones latinoamericanas en materias primas o en productos industriales relativamente sencillos elaborados con base a esas materias primas.

Minerales, hidrocarburos y granos son los bienes que la RPC compra mayoritariamente a Latinoamérica. El 83% del total exportado a China son productos como soya, hierro, cobre y petróleo, o manufacturas como aceite de soya o cuero, según CEPAL.

Hace 50 y 40 años, los grandes adalides de la teoría de la dependencia clamaban contra los términos injustos del intercambio entre Estados Unidos y Europa –el primer mundo– y la región, parte del tercer mundo. LAC estaba sumida en la dependencia de las materias primas que la ataba al subdesarrollo. Paradójicamente, y aunque mucha agua ha corrido bajo el molino desde entonces, la relación con China sigue el mismo patrón.

La relación comercial RPC-LAC tiene su grueso en el comercio con unos cuantos países: Brasil, Chile, Perú, Argentina, México – los tres primeros productores de minerales que le interesan a China; Argentina y Brasil son los dos más grandes productores de soya y de aceite de soya de la región; y México es el mayor mercado de productos chinos en todo LAC. Para Brasil, China es ya el primer socio comercial.

La desaceleración china de la segunda mitad del año tendrá efectos en su demanda de materias primas, por consiguiente los tendrá para América Latina. La baja del pronóstico del crecimiento estimada es de 7.5% - 7.8%.

Sin embargo, como ha advertido recientemente la CEPAL, los países regionales que deseen aumentar el comercio con los chinos, deberán tener en cuenta un cambio importante en las políticas económicas del gobierno de Pekín. Estas nuevas políticas apuntan a estimular más el consumo interno como factor de crecimiento en vez de masivas inversiones en infraestructuras.

Esto, como en general es China, es una amenaza, pero también es una oportunidad. Esa tendencia significas nuevas y más oportunidades de negocios para las empresas latinoamericanas.

En el caso de Nicaragua, chatarra metálica y pequeñas cantidades de azúcar, café y algo de cuero suman a un modesto comercio de alrededor de US$ 300 millones, donde lo que exportamos es unos US$10 millones.

América Latina tiene muchas tareas en casa “para poder ser más estratégica”, en palabras de Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL: mejorar la educación y adecuarla a las necesidades de la economía moderna, invertir en la producción de bienes con mayor valor agregado, y definir estrategias de comercio y desarrollo, entre otros desafíos que son inmensos, pero ineludibles.

 

* Analista de asuntos Asia-Pacífico