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Próximamente se celebrarán dos elecciones, cuyo resultado esbozará la nueva fisonomía del mundo.

El 6 de noviembre, decidirán la re-elección del demócrata Barack Obama a la presidencia de Estados Unidos o su sustitución por el republicano Mitt Romney. El 8 de noviembre, iniciará el XVIII Congreso del Partido Comunista Chino (PCCh).

En aquel país, los ricos poseen el 23,5% de toda la renta del país, nivel de concentración nunca antes alcanzado desde principios del siglo XX. Si retrocediéramos al año 1928, veríamos cómo el 1% más rico poseía el 24% de la renta nacional. Tal porcentaje disminuyó debido a las públicas intervenciones del New Deal y posteriormente mantenidas por sus sucesores.

Iniciando los años ochenta, el presidente Reagan y la Sra. Thatcher (Primera Ministro de Reino Unido), cambiaron radicalmente tales políticas. La burguesía industrial y financiera, representan el 0,1% de toda la población, tienen mucho poder no sólo económico-financiero sino también mediático y político.

La mayoría de los grandes medios informativos, tienen miembros de dicha “burguesía” en sus Consejos Directivos, debido a su gran endeudamiento. Su influencia política es enorme. Los partidos, o bien son meros instrumentos de sus intereses o no se atreven a afectarlos.

La ultraderecha ha capturado poder cada vez más amplio y perceptible en el Partido Republicano. En Tampa aprobó una plataforma política marcada por conservadoras propuestas: que van desde la prohibición del aborto; el matrimonio homosexual; hasta férreas medidas contra la inmigración ilegal.

Como sucedió en 1992, cuando Bill Clinton llegó al Gobierno, o en 2008 que Barack Obama se alzó con la victoria, la economía se convirtió en el eje de la campaña electoral que enfrenta al actual presidente y su oponente republicano.

A fines de este año, empresarios, clase media y trabajadores que convergen en el tema fiscal y el gasto social, estarán ante una gran encrucijada, a la que economistas y analistas políticos han definido como un “precipicio fiscal”, un concepto que intenta explicar la gravedad y complejidad de la situación.

Demócratas y republicanos deben conciliar una nueva alternativa, a partir de enero vence el plazo de vigencia de las colosales reducciones fiscales introducidas por el ex presidente George W. Bush Jr.

Paralelo al fin del recorte impositivo de Bush, extendido durante los dos últimos años por Obama, quedarán sin efecto una serie de medidas de ayuda al empleo y de atención a los desempleados adoptados por el actual gobierno.

Diversos centros de estudios estadounidenses creen que ello suscitaría una caída del consumo equivalente a un 5% del PBI del país, creando una situación recesiva que golpearía contundentemente al conjunto de la economía mundial.

En tal contexto, ambos candidatos plantean un programa económico parcialmente divergente en algunos puntos contrapuestos al gasto social y convergente, en la necesidad de bajar impuestos a las empresas para estimular la recuperación.

Obama se inclina por acabar con la reducción de impuestos de Bush a las grandes fortunas, secundado por el supermillonario Warren Buffet, y mantenerlas para sectores medios, previa discusión con los republicanos.

Romney y el Tea Party, ala de extrema derecha republicana, rechazan rotundamente esta propuesta, planteando salvar la brecha fiscal que dejaría la falta de ingresos ante la reducción de los gastos sociales: jubilaciones, pensiones y seguridad social (Medicare y Medicaid).

Obama es partidario de reducir el gasto militar, Romney propone llevarlo del actual 3% del PBI al 4%, lo que traería aparejado un brutal recorte. Nadie, en Estados Unidos, cree posible la aplicación de semejante plan de “guerra social”, ni que el Congreso apruebe tales medidas.

En tanto el presidente pretende disminuir la tasa federal del 35% al 28%, el candidato republicano propone reducirla al 25%, sin especificar cómo equilibraría la falta de ingresos.

Obama, que aspira a la reelección, mantiene amplia ventaja sobre su rival republicano, entre probables votantes latinos. Reiteró su promesa de cerrar la prisión militar de Guantánamo.

La estrategia de Romney, para Latinoamérica es volver a dividir la región en “buenos y malos”, retornando a las fracasadas políticas del ex mandatario baby Bush.

Mientras Obama es partidario de la negociación, Romney lo es de la guerra; lo que cambia es el método, al final los resultados serán los mismos.

 

* Diplomático, jurista y politólogo