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En 1824, Los Estados Unidos proclamaban la “Doctrina Monroe” como punta de lanza del proyecto expansionista que comenzaría en Latinoamérica. El mensaje era claro, advertían principalmente a España que no actuara frente a las independencias que recién habían adquirido los países hispanoamericanos. Este mensaje fue captado en toda su dimensión por Simón Bolívar, quien no perdió tiempo y organizó el “Congreso de Panamá” en 1826 para proponer la unión de los países latinoamericanos y de esa manera enfrentar el reto de contener la inminente expansión de EU.

Todos los participantes firmaron el Tratado de Unión Liga y Confederación Perpetua. Sin embargo, el sueño de Bolívar de una América Latina unida no pudo cristalizarse, el Tratado no fue ratificado por las partes.

Una serie de actos expansionistas estadounidenses hizo que se llevaran a cabo tres Congresos (“Congreso de Lima” -1847/1848-), “Congreso de Santiago de Chile” -1856/1857-, y un segundo “Congreso de Lima” -1864-1865-), con el fin de relanzar el Proyecto de unidad y defensa de la soberanía latinoamericana de Bolívar, pero ninguno llegó a ratificarse.

Para 1890, EU ensayó una nueva forma de influencia política sobre Latinoamérica con fines de expansionismo comercial y consiguió unir a todos los países Latinoamericanos a través de lo que se llamó “Unión Internacional de las Repúblicas Americanas”, eufemísticamente llamada Panamericanismo. La sede de dicha institución era Washington y su Secretario General era nada menos que el propio Secretario de Estado de EU, que ejercía el cargo por diez años y de manera Ex-Officio. La zona de influencia geopolítica estaría garantizada a través de las doctrinas subsiguientes a la Monroe y que fueron conocidas como: doctrinas del Big Stick (versión de la “Diplomacia de las cañoneras”) y el “Corolario Roosevelt”, todas juntas como expresión del “Destino Manifiesto”

Con el fin de la segunda Guerra Mundial y en el marco de la Guerra Fría, nacieron la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), ambos a la medida de los intereses regionales geopolíticos de los EU.

La revolución cubana, sin embargo, introdujo alteraciones en el “patio trasero” y consecutivamente estallaron una serie de movimientos guerrilleros revolucionarios en casi toda la región, acompañados de acciones de gobiernos progresistas que impulsaron cambios sociales principalmente a través de reformas agrarias (Chile, Perú, Guatemala, Nicaragua, entre otros). Casi todos estos gobiernos fueron derrocados y en su lugar se instauraron dictaduras.

Con el fin de la Guerra Fría todo indicaba que la posición de hegemonía de los EU se vería fortalecida, ya que en el escenario solo quedaba la revolución cubana. En el 2004, la geopolítica regional da otro giro cuando se forma la Alternativa Bolivariana de las Américas (ALBA), esta Alianza se opuso en primer lugar al proyecto regional de “libre comercio” de EU que se conoció como Área de Libre comercio de las Américas (ALCA); en el 2005 este Proyecto quedaría enterrado después de la Cumbre de Mar de Plata en el 2005.

En el seno de la OEA, los países del ALBA y otros gobiernos sudamericanos y caribeños han cambiado la correlación política que antes favorecía a EU.

Han surgido organizaciones como la Unión de Naciones del Sur (UNASUR), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC) y El Consejo de Defensa del Sur, que se consideran como una potencial alternativa a la OEA. Además, los Estados latinoamericanos y caribeños se siguen integrando a través de Mercosur, la Comunidad Andina de Naciones, SICA, CARICOM, ALADI, todos con objetivos más allá del intercambio comercial.

El concepto de “patio trasero” ha cambiado mucho y los alineamientos políticos han cambiado positivamente para nuestros países.

 

* Máster en Relaciones Internacionales