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Quienes escuchamos, vemos o leemos las noticias diarias en nuestro país con facilidad nos damos cuenta que los índices de delitos graves (contra la vida y el patrimonio) se incrementan cuando de por medio se encuentra una motocicleta; sin dudas, la Policía Nacional que logra establecer con exactitud los datos estadísticos de los delitos cometidos por personas que viajan en este tipo de vehículo y que son tan agresivos que generalmente terminan en muerte, revelan números más altos de los que percibimos los ciudadanos comunes.

Con facilidad relataríamos crímenes que han quedado impunes; agresiones, homicidios y asesinatos por robar dinero, computadoras o un celular a personas de bien, incluso estando dentro de sus casas, por delincuentes a bordo de motos, sin embargo quiero referirme a otro escenario y es el de la muerte de, supuestas, personas de buenas costumbres por parte de efectivos de la Policía Nacional por fugarse a un control rutinario.

Tres sucesos conocidos por fuente de El Nuevo Diario durante este año nos ilustran los últimos acontecimientos de esta naturaleza; uno ocurrido cuando un joven violó un retén policial y no atendió una señal de alto de policías que se encontraban en un operativo antidrogas en Chontales, otro en carretera norte cuando en altas horas de la noche dos jóvenes hicieron caso omiso a la orden policial de requerimiento, y finalmente el realizado en uno de los barrios con más altos índices de compra-venta de estupefacientes, Santa Ana; los dos últimos en Managua.

No hay excusa en ninguno. En todos la Policía Nacional ha asegurado que no es el proceder general sino casos aislados, ha pedido perdón a los familiares de las víctimas, dado de baja a los hechores, puestos a disposición de la justicia y declarados culpables por los tribunales.

Quizás un psicólogo pudiera abordar los aspectos que llevan a estos ciudadanos “honrados, buenas personas y de excelente comportamiento ante la sociedad” a fugarse de las autoridades ante una situación tan simple de requerimiento policial de sus documentos.

Estamos conscientes que el efectivo policial no debe actuar jamás de la manera en que han procedido en estos tres sucesos y que las estadísticas respecto a situaciones que pueden considerarse símiles a delitos no deben ser acogidas por los uniformados para actuar desproporcionadamente y en contra de la ley, aun conociéndose que la delincuencia organizada utiliza este medio de transporte para tener mayor capacidad para desarrollar su actividad criminal y facilidades para fugarse de las autoridades policiales. Sin embargo es necesaria también una concientización de parte de los mismos medios que hoy utilizan como bandera el último actuar policial y disponerse a continuar educando a los conductores por el respeto a las leyes y autoridades policiales.

Una reforma a la Ley de Tránsito en el sentido de castigar con multas más severas incluyendo la suspensión de la licencia de conducir a quienes huyan de las autoridades policiales ante un requerimiento rutinario debería estar en camino. Así como la ejecución del Arto. No. 528 del Código Penal de Nicaragua referido a desobediencia a la autoridad; sin embargo, por el contrario observamos conferencias noticiosas televisivas de un infractor que también huyó de la Policía Nacional en el reciente suceso, que debería estar cumpliendo una pena de diez a treinta días multa, o realizando trabajo en beneficio de la comunidad.

Una persona de bien y con la ley de su parte no se fuga de un oficial de policía; si lo hace está arriesgándose a empeorar su situación al pasar del pago de una multa al cumplimiento de una pena más severa por constituir una falta o delito penal.

 

* Egresado en Derecho.

johanni_miranda@hotmail.com