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El recién pasado 4 de noviembre se cumplieron cien años del nacimiento de Pablo Antonio Cuadra (1912-2002), uno de los más altos valores de la cultura y la literatura nicaragüenses. Poeta, narrador, ensayista, dramaturgo, crítico literario, periodista, pintor y diseñador de bellos tapices, Pablo Antonio Cuadra es, quizás, el más polifacético de nuestros escritores. Sus méritos como poeta fueron ampliamente reconocidos a nivel hispanoamericano y su poesía incluida en las más exigentes antologías y traducida a varios idiomas. En homenaje al centenario de PAC presentamos, a continuación, un brevísimo recorrido por su poesía, de tanta influencia en el surgimiento de la Vanguardia literaria entre nosotros.

De la ardorosa búsqueda de lo autóctono, del deseo de volver “donde cantó sus versos el pueblo poblador”, procede la primera colección de poemas de Pablo Antonio: “Canciones de pájaro y señora”, de inspiración lorquiana. Sin embargo, su primer libro impreso: “Poemas nicaragüenses”, apareció en 1933, cuando el poeta tenía 21 años. El libro representó un hito en la historia de nuestra literatura, pues fue “el primer libro de poesía nueva o de vanguardia publicado en Centroamérica”. El libro es Nicaragua misma, vista por un muchacho que, en plena intervención extranjera, descubre maravillado, el encanto de su tierra: “Mientras en el Norte suena la guitarra del rebelde ante la fogata roja y bamboleante”. En los años de la ocupación norteamericana, Nicaragua dio dos grandes testimonios de nacionalismo: Sandino en la montaña y Pablo Antonio Cuadra en sus “Poemas Nicaragüenses”.

Diez años después, tras larga y difícil gestación, Pablo Antonio dio a la luz pública el poema que mejor revela su condición de hombre, consciente de su transitoriedad pero sabedor también de que en Cristo está la esperanza de Resurrección: “Canto Temporal”. En este extraordinario como lacerante poema, PAC volcó su cosmovisión, que parte del limo perecedero y se eleva hasta la llaga del costado. Desde entonces Cristo estará muy presente en la poesía de Pablo Antonio. Recién amanecido a la fe y a la gracia el poeta, jubiloso de su encuentro con Cristo, compone su “Libro de horas”, a la manera de los libros de oración medievales, para deleitarse con los nuevos goces que su alma experimenta. Sin embargo, para algunos críticos, lo más original de Pablo Antonio está en su poesía de la tierra. Buen ejemplo de ella es su “Himno Nacional, en vísperas de la luz”, donde con desbordante optimismo recrea su patria pequeña e invita a la gente sencilla a participar en tan maravillosa aventura.

Varias experiencias personales (la muerte de Joaquín Pasos, el nacimiento de uno de sus hijos) dejan profunda huella en Pablo Antonio y abren el camino de “Poemas con un crepúsculo a cuestas”. A esta colección pertenece el magistral canto “El hijo del hombre”, que sus críticos justamente consideran como de lo mejor que escribió.

“Guirnalda del año” y “El Jaguar y la luna” confirman el afán de Pablo Antonio de reconstruir nuestra nacionalidad desde sus más profundas raíces y situar al nicaragüense en medio de su propia historia, como protagonista de su acontecer, que para el poeta, en última instancia, no es más que el “trayecto ascensional” hacia Dios. “Guirnalda del año” es un calendario poético donde aparecen juntos personajes de la mitología clásica y deidades precolombinas. De “El jaguar y la luna”, el mismo Pablo Antonio dijo: “Es el libro de poemas más original, aboriginal y mío. Está arrancado directamente, no de lo literario, sino de las formas pictóricas de nuestros dibujos en cerámicas precolombinas”. Poemas concisos, a propósito como para que puedan escribirse en cerámica, extraídos del legado indio para “devolver a la poesía su mágico destino de creadora de mitos”.

“Cantos de Cifar”, uno de sus últimos libros de poemas, es un canto épico a nuestra Mar Dulce y a sus “ulises criollos”. Cifar, el Navegante, encarna en un humilde marginado, de esos que pueblan nuestro Gran Lago y que realizan la hazaña cotidiana de vivir del riesgo y la intrepidez. Cifar Guevara es un héroe de carne y hueso, nacido en una isla “pequeña como la mano de un dios indígena”. El Maestro de Tarca, sabio y conceptuoso, sentado en la piedra del Águila, le enseña, a través de la vida, los secretos del mar.

 

Managua, noviembre de 2012.