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Mucho se habla del crecimiento económico que está experimentando Nicaragua, hasta el punto de creer que el país va bien, por buen camino, porque hay crecimiento económico. “Están pintando bien los números”, decía un político hace unos meses.

Y es que en los últimos años se  nos ha vendido la idea que el crecimiento económico es un todo, induciéndonos a pensar en la famosa teoría del derrame: que al haber  crecimiento económico este se derrama a toda la población, y en este caso a cada nicaragüense le tocaría algo del mismo, nada más falso si se contrasta con la pobreza que sigue siendo una realidad persistente y la gran desigualdad en la distribución del ingreso.

Debemos estar claros que no se puede medir la salud económica de un país con un solo indicador, en este caso el crecimiento del PIB, ya que este no mide un conjunto de variables sociales como la vida saludable, el acceso a educación y el nivel de vida digno, todos incluidos en el conocido índice de desarrollo Humano (IDH).

Desde los años sesenta del siglo pasado hay un cuestionamiento sobre la utilidad del PIB como medida de prosperidad económica y bienestar general, ya que se considera una medición con una metodología específica que tiene sus bondades y limitaciones como todo indicador.

Bastara recordar la famosa frase de Robert Kennedy. “El PIB no tiene en cuenta la salud de nuestros niños, la calidad de su educación o la diversión de sus juegos. No incluye la belleza de nuestra poesía, la fortaleza de nuestros matrimonios, la inteligencia de nuestro debate público o la integridad de nuestros funcionarios. No mide ni nuestro coraje, ni nuestra sabiduría, ni nuestro patriotismo. En resumen, lo mide todo, excepto aquello que hace que la vida merezca la pena”.

Pero en los discursos gubernamentales se ha utilizado este crecimiento como un espejismo que trata de ocultar la verdadera condición económica en que vivimos; no debemos perder de vista que tenemos el PIB per cápita más bajo de la región; lejos de alcanzar a países vecinos como Costa Rica.

Otro espejismo al que a diario se alude es el  aumento de las exportaciones, el llamado boom agroexportador que merece un análisis particular; en primer lugar qué es lo que está creciendo la producción en cuanto a volumetría o los precios internacionales de los principales productos. Este debe de ser el foco de atención para el análisis económico y de la productividad. Pero aun con estos aumentos en las exportaciones no pasamos de ser un país exportador de materias primas, ¿y qué pasa con el desarrollo industrial?, ¿cuál es la política del estado en cuanto al desarrollo de la industria nicaragüense? Ningún país se ha desarrollado únicamente exportando materias primas.

El de las remesas es otro tema de interés, ya que al tomarlas en cuenta en la contabilidad nacional estamos creando otro espejismo, pues esas cantidades de dinero ingresan al país  y sirven de apoyo para miles de familias nicaragüenses; ayudan a  motivar el consumo interno y de una forma virtual a incrementar el PIB, pero no dejan de ser ingresos transferidos al país y no generados en el país.

Si bien hay crecimiento económico, no hay que confundir esto con que existe una mejoría en la calidad de vida de los nicaragüenses; el crecimiento de un 4% únicamente nos permite tener una economía de subsistencia y sostenimiento; creer que por ese indicador estamos bien es un espejismo que nubla la razón y nos aleja de la realidad económica del país y de la competitividad necesaria para desarrollarlo.

 

* Msc. Profesor de Finanzas UNAN-RUCFA