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La educación del país se expresa en el centro educativo y su comunidad. En ellos se despliegan las políticas educativas, el currículum, la enseñanza y el aprendizaje de muchas maneras.

El centro educativo es, en su dinámica cotidiana, núcleo de expansión educativa. La comunidad que lo acoge representa el escenario ideal en que se proyecta la acción educativa, tanto por ser el nicho ecológico de los educandos, como por construir sentidos organizándose para aprender constantemente, animada por el liderazgo del centro educativo. De esta forma, el centro educativo se trasciende a sí mismo, dinamizando su entorno en la construcción de una “comunidad de aprendizaje”.

La CA integra la educación escolar y no escolar. Es una idea avanzada de la “educación comunitaria”, retoma inspiración de la “educación popular”, y una “visión amplia de la educación básica” fundamentada por las Conferencias Mundiales sobre Educación para Todos (Jomtien, 1990; Dakar, 2000).

Su propuesta se centra en una estrategia de desarrollo y transformación educativa y cultural a nivel local, con protagonismo ciudadano amplio, teniendo como horizonte el desarrollo local y humano de la comunidad. Por ello la CA da origen y se articula con un proyecto de desarrollo local y nacional integral, que integre a todos sin distingos. De esta manera, la educación rompe su mirada estrecha de la sectorialidad, concertando alianzas operativas y estratégicas al nivel micro de la propia CA, y a nivel macro articulando, de forma efectiva, políticas educativas, sociales y económicas.

Asume la CA una visión integral, flexible y sistémica de lo educativo, pensando el aprendizaje y la cultura en sentido amplio desde las necesidades de aprendizaje de la población, y una cultura de paz ciudadana plena. Estos elementos continúan atomizados, separados, en la educación actual. Así, la educación formal separada de la no formal y la informal. Por el contrario, en la CA se articulan las tres educaciones como corrientes sinérgicas e intercomunicadas, potencializando al máximo el hecho educativo.

La CA plantea la premisa de que toda la comunidad posee recursos, agentes, instituciones y redes de aprendizaje que están operando en el plano del aprendizaje, desde la calle, los medios de comunicación, las iglesias, el lugar de trabajo, el deporte, la alcaldía, la cancha deportiva, la clase política, el ambiente, las fincas productivas, etc.

El objetivo central es el aprendizaje al centrarse en necesidades básicas de aprendizaje de toda la población. Por ello da mucha importancia al aspecto pedagógico y su renovación en los diferentes ámbitos de enseñanza y aprendizaje. Involucra a todos valorando el aprendizaje intergeneracional y entre pares; dinamiza el potencial de los jóvenes como agentes activos de su propia educación, y la transformación del sistema escolar, el desarrollo familiar y comunitario.

Cumple la premisa de que la educación es posible únicamente con el esfuerzo conjunto entre hogar, escuela, educación extraescolar y escolar, instituciones públicas y privadas, en fin, todos sin distingo alguno. Aprovechando todos los recursos humanos y materiales disponibles, forjando una educación para todos. Haciendo posible el aprendizaje permanente, lo que demanda diálogo, alianzas y concertación de actores diversos en torno a un proyecto educativo y cultural compartido, no impuesto.

Lo diverso es parte consustancial en la CA que estimula su búsqueda y respeto, valora a cada grupo con sus propios recursos y realidades. Configura, así, proyectos educativos y culturales específicos, ajustados a la realidad que marca su contexto. No adopta acríticamente modelos externos, y promueve experiencias innovadoras diversas que puedan inspirar a otros.

La CA procura mostrar la importancia y el potencial que tiene desarrollar sistemas de aprendizaje generados desde lo local, basados en la cooperación, la solidaridad, el aprendizaje intergeneracional y la sinergia de esfuerzos. Se trata, en definitiva, de un modelo de desarrollo y cambio educativo, promovido de abajo hacia arriba y hacia fuera. Influencia los modos tradicionales de pensar y hacer política educativa, a nivel local, regional y nacional.

Contribuye a superar problemas tradicionales y sesgos educativos: falta de una visión sistémica e intersectorial de lo educativo; divorcio entre escuela y comunidad, educación escolar-extraescolar, formal-no formal; uniformidad de la política educativa y de la reforma educativa impidiendo comprender y asumir la diversidad; énfasis en la cantidad y resultados descuidando la calidad y sus procesos; las reformas verticales, sin consulta ni participación social; el predominio de proyectos aislados, y priorización de las cosas antes que las personas y sus relaciones.

Nuestra educación actual merece una oportunidad. En tanto logre enraizarse profundamente en la comunidad liderando, enseñando y aprendiendo en la diversidad, comenzará realmente a ser una tarea de todos.

 

* Educador e Investigador, IDEUCA