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China seguirá su camino de “socialismo con características chinas” sin tomar a Occidente como modelo; el crecimiento económico debe apuntar a estimular la demanda como factor de crecimiento; la lucha contra la corrupción, y el país debe apuntar a ser “una potencia marítima”.

Éstos son los principales aspectos del discurso de este jueves 8 de noviembre del presidente chino y secretario general del Partido Comunista Chino (PCC), Hu Jintao, al inaugurar el XVIII Congreso del partido en Pekín.

Dos días después de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, China sigue el evento más importante de la política local, celebrado cada 5 años y al que asisten 2, 270 delegados de todo el país.

El congreso marca el inicio de la transición de poder de la “cuarta generación de líderes” a la “quinta generación”. Se espera que Hu deje el puesto de secretario general para que sea asumido por el vicepresidente Xi Jinping, quien el año entrante también se convertirá en presidente. Un tiempo después, probablemente en dos años, Hu dejará el cargo de presidente del Comité Militar Central -- la jefatura real de las Fuerzas Armadas – y que Xi también tomará.

“El Gran 18”, como le llaman los chinos, concluye el 14 de noviembre. Un día después, será la primera reunión del nuevo Comité Central de 200 miembros, el cual a su vez deberá votar los 25 miembros del Buró Político y los del Comité Permanente (son 9 pero se espera una reducción a 7).

Li Keqiang, hasta hoy viceprimer ministro, también deberá pasar al Comité Central, el Politburó y a su Comité Permanente. Li deberá ser el próximo primer ministro, sucediendo a Wen Jiabao.

Pese a su magnanimidad, las principales decisiones serán solo ratificadas en el congreso, pues los nombramientos y cambios ya han sido acordados de antemano en negociaciones de las distintas facciones internas.

Hay tres principales grupos de intereses dentro del PCC: la “facción de Tsinghua”, constituida por dirigentes que estudiaron en la famosa universidad pekinesa de ese nombre; el “grupo de Shanghai”, conformada por líderes de la estructura partidaria de la próspera urbe y de su provincia, símbolo del éxito chino, y que es muy influyente; y los “príncipes”, hijos de viejos revolucionarios que hicieron la revolución al lado del gran timonel Mao Zedong.

Xi Jinping cuenta con una larga carrera partidaria iniciada en las Juventudes Comunistas. Estudió ingeniería química en la Tsinghua, fue jefe del partido en Shanghai y su padre, Xi Zhongxun, fue uno de los fundadores del PCC. Él y su padre sufrieron los efectos de la turbulenta Revolución Cultural (1966-1976). Fue internado en un campo de “reeducación”.

De su vida personal se sabe que está casado en un segundo matrimonio con Peng Liyuan, una diva de la música china, y se dice que no estuvo en el nacimiento de su hija Xi Mingze, por asuntos de trabajo. Mingze estudiaría en Harvard bajo un pseudónimo, según la prensa. Es aficionado a los filmes de acción de Hollywood.

Xi se ha granjeado una reputación de hombre pragmático, capaz de resolver problemas difíciles, seguro de sí mismo, hábil y discreto. Ha logrado complacer a todos y es un candidato de consenso, según los estudiosos de China.

De Li Keqiang, por su lado, se sabe menos detalles de su vida. Proviene de la humilde familia de un dirigente del partido de bajo rango de la provincia de Anhui, y su esposa es profesora de economía en una universidad de Pekín.

Como Xi, Li comenzó su carrera partidaria en la Liga de las Juventudes Comunistas. Se le coloca en el ala liberal del partido, es un tecnócrata (graduado en derecho y doctorado en Economía por la prestigiosa Universidad de Pekín), partidario de reformar la economía y estimular la demanda interna. Es muy discreto y no tiene brillo mediático. Es un protegido de Hu y ha estado a la sombra de Wen.

Un amplio reportaje en The New York Times plantea el asunto de cuánta influencia conservará Hu tras dejar sus cargos. Según la pieza de Edward Wong, el siempre influyente expresidente Jiang Zemin, quien dejó el cargo en 2002 (dirigente de la facción de Shanghai), ha ganado un pulso con Hu y logrará colocar a 5 de sus protegidos en el Comité Permanente del Buró Político.

Sea como sea, la política china ya no es asunto de líderes absolutos como Mao. Se ha institucionalizado y el consenso es indispensable para gobernar.

 

* Analista de asuntos Asia-Pacífico