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Las tres derrotas consecutivas propinadas por el orteguismo en elecciones municipales y las dos presidenciales al aún dividido Liberalismo, develan la cruda realidad de que la vigencia de sus dirigentes, voceros y cuasi líderes llegó a su triste y respectivo colapso, y que es imperativo reemplazar sus respectivas estructuras. ¡Váyanse..!, gritan las bases y el pueblo demócrata.

Ello debe ser entendido como una obligación republicana; de lo contrario, si sus cuasi líderes continúan aferrados con mordaza a sus sueños mesiánicos, indirectamente cooperarán con el orteguismo en hundir más al país en una dictadura legalizada, lo que representa un retroceso en el bienestar del pueblo. Quienes han dividido al Liberalismo son culpables de ello.

Hay errores crasos: la soberbia de quienes no admitieron la Unidad Liberal en 1995; el pacto libero-conservador de 1997: propiciar y conceder la candidatura presidencial en el 2001 a un candidato no liberal; el asalto tránsfuga de bases liberales forjado por un oportunista y oculto en la maraña de la sospecha de estar atrapado por el orteguismo.

La Unidad del Liberalismo debió ser obedecida después de 1990; ese año la ruptura histórica que databa desde 1944 debía cesar porque la motivación -el somocismo- estaba derrotada; pero el empecinamiento de creerse los dioses del Olimpo Nacional ha continuado consecutivamente en elecciones municipales y presidenciales. Su presencia los ha convertido en una jurásica clase política; falsos y obsoletos líderes; decepción y apatía de los electores; funcionarios electorales ilegales e indignos; irregularidades, manipulaciones y la ausencia de un líder que emerja desde ese desencanto.

En las elecciones presidenciales en el período 1996/2001 el PLC ganó el ejecutivo y 53 diputados; en el período 2001/2005 el PLC ganó el ejecutivo y 42 diputados; en el período 2006/2011 el PLC perdió el ejecutivo y obtuvo 23 diputados, y la ALN 25. Por esta división el frentismo ganó el ejecutivo con un 38% ante la suma de votos liberales que –unidos- era más del 53% y fue mayoría legislativa siendo minoría en volumen de votos.

En las elecciones de 2011 el PLC obtuvo 2 diputados y un PLI falso y comprado obtuvo 25 escaños con ayuda de sandinistas. El orteguismo ascendió a 41%, -porcentaje inferior- ante el volumen de un liberalismo unido. Total: 3 derrotas presidenciales.

En las elecciones municipales de 2004 el Liberalismo fue derrotado; en 2008 la división y el fraude –documentado por testigos como la Manuelita-, redujo las alcaldías liberales y aumentó las orteguistas; ahora en 2012 el desastre es peor. Cero alcaldías al PLC y 15 a un PLI usurpado, vendido y avergonzado. En 15 años, los niños de cuna con sueños de liderazgo han llevado al desastre al Partido Liberal.

El pueblo liberal debe preguntarse: ¿Qué hay detrás del empeño de los actuales dirigentes que evite la resignación de que su tiempo en política cesó? ¿Será que el orteguismo los amenaza para contar con ellos -así divididos- como adversarios controlados, so pena de desempolvar viejos archivos en juzgados penales?

En sus conciencias vive la culpa de que la miseria del pueblo es también por ellos, porque coadyuvan a sostener un Estado fallido del que se benefician y donde impera una dictadura que reparte y comparte con empleados y cómplices. Cuánta falta hacen los dignos hombres del liberalismo independiente, a quienes por su dignidad y honradez la dictadura tanto temía. Ellos inspiran al PLI histórico desde su fundación en 1944, y que en su 60 aniversario en 2014 continuará siendo la reserva moral del liberalismo nicaragüense.

 

* Abogado y notario