León Núñez
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No es lo mismo un buen piñatero que un piñatero bueno, así como tampoco es lo mismo un mal piñatero que un piñatero malo. No sé si la distinción entre el piñatero bueno y el piñatero malo responde a consideraciones de orden moral. Debemos precisar que un buen piñatero puede ser un piñatero malo así como también un mal piñatero puede ser un piñatero bueno.

Deseo destacar que la diferencia entre el buen piñatero y el mal piñatero está determinada por la eficacia o ineficacia en su participación en la piñata, porque el buen piñatero es el que puede y sabe piñatear, el que piñateó mucho, el que piñateó bien, mientras que el mal piñatero es el que piñateó muy poco o casi nada, el que piñateó con torpeza, es decir, el que no tuvo un depurado arte de piñatear.

Yo creo que la sociedad aprecia más al buen piñatero que además sea piñatero bueno que al mal piñatero que sea piñatero malo. Pareciera que prevalece la tesis que reconoce la ventaja moral que tiene el buen piñatero que sea piñatero bueno que el mal piñatero que además sea piñatero malo.

Incursionando en el terreno teológico he conocido a algunos religiosos que tienen la opinión de que tanto el buen piñatero como el mal piñatero pueden ir al cielo si se convierten en piñateros buenos, pero que indefectiblemente irían al infierno los piñateros que se comportaren como piñateros malos. Debo reconocer que esta tesis no la comparten los teólogos de Acoyapa, para quienes ningun piñatero se salva mientras no devuelva lo piñateado.

Si los antiguos hebreos hubieran conocido la piñata --este alegre fenómeno no aparece ni en el Viejo ni en el Nuevo Testamento-- tal vez nos habrían transmitido algunas indicaciones con las que hubiéramos intentado formular algunas hipótesis sobre las posibilidades celestiales o infernales de los piñateros. Pero como no tenemos antecedentes, ni siquiera teóricos, de alguna concepción piñatocéntrica de la historia y teniendo en consideración que todavía ni siquiera se ha esbozado un análisis teológico de la piñata, tendremos que aplicar analógicamente algunos criterios evangélicos sobre los piñateros para estudiar las mencionadas posibilidades.

Utilizando como instrumento de análisis lo que podría ser una teoría lógica-matemática de la piñata, por ser cuantificables los bienes piñateados, podremos perfilar nítidamente la figura del buen piñatero y la figura del mal piñatero. Veamos dos ejemplos: alguien que piñateó una o varias casas de lujo, haciendas, empresas... es un buen piñatero mientras que el que se piñateó una casita en Villa Libertad y una motocicleta es un mal piñatero, un pésimo piñatero.

Ahora bien, los teólogos acoyapinos dicen que una interpretación teológica del Evangelio nos conduce a la consideración de que tanto el buen piñatero como el mal piñatero cuentan con la posibilidad de ir al cielo, si se convirtieran en piñateros buenos, pero que esta conversión solamente se alcanzaría con el arrepentimiento y con la devolución a los dueños de todo lo que piñatearon.

Alguien me dijo que esta posición es maniqueísta, que no se puede hablar en términos absolutos, que existen muchas cosas que no son enteramente buenas ni enteramente malas, y me puso el manoseado ejemplo de los colores, de que no todo es blanco y negro, que hay colores grises. Yo no le entendí muy bien lo que me quiso decir, pero le contesté que en Acoyapa el piñatero es simplemente piñatero aunque con la oportunidad de arrepentirse, pero eso sí, empezando por devolver lo piñateado, pues se dice que la doctrina católica establece que no se acepta el arrepentimiento sin devolución.

Me decía un sacerdote amigo mío, entendido en teología, que los buenos piñateros, sean buenos o malos, que no se arrepientan devolviendo lo piñateado, serán castigados severamente por la justicia divina, pero que las penas serán menos severas para todos los favorecidos por las circunstancias atenuantes de haber sido malos piñateros, de haber piñateado poco, bien por falta de destreza o bien por haberse lanzado al molote demasiado tarde después de haber sido quebrada tan alegre piñata.

En conclusión: existe el buen piñatero que puede ser piñatero bueno o piñatero malo y existe el mal piñatero que como el anterior puede ser piñatero bueno pero que también puede ser piñatero malo.