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Ya tremolan las luces de los arbolitos navideños. No me refiero a los perennes de las glorietas con los que los gobernantes hacen propaganda electoral eterna y dilapidan la energía eléctrica cada día más cara para pelados completos y medio pelo.

Aun cuando solo uno de cada cinco asalariados espera recibir ese beneficio, los otros cuatro aspiran agarrarlo de carambola. La esperanza muere al último. Ocurre que todo el mundo espera el bendito aguinaldo. Los comerciantes están emboscados y sueñan que el susodicho solo cambiará de bolsas. Después de un ligerísimo tránsito por las manos del trabajador caerá en sus feroces garras.

Todos lo usarán para pagar deudas y quedar debiendo. La tarjeta de crédito y los préstamos a los agiotistas. Algunos afortunados comprarán mudadas de ropa y quizás un juguete para el hijo. Nadie piensa que podrá ahorrar.

Pese al acostumbrado recelo a hablar del aguinaldo y de su prospectiva de uso, una encuesta al pie de urna encontró que nadie piensa en el control de gastos y la compra de cosas más baratas para los regalos de Navidad. La mayoría estima posible adquirir regalos para niños y adornos navideños.

También hacen sus planes los amigos de lo ajeno. No los de alta, sino los de baja estofa. Estudian quiénes serán las víctimas que les permitirán por lo menos cenar una vez al año y comprarle una muñeca de trapo a su hija.

Las consultas muestran la alegría de los vendedores de pólvora. Ya andan escogiendo los sitios donde ellos mismos pueden quedar como víctimas. Se aprovecharán de la babosa tradición de quemar los riales y poner en peligro a los vecinos, que es gloria y prez de nuestros compatriotas.

Animosos cálculos estiman que entre gobierno y sector privado pagarán unos 800 millones en aguinaldos entre el 1 y el 20 de diciembre. A los funcionarios del gobierno se les depositará mucho antes del 5 de diciembre. Dicen que el 22 de este mes. Según cálculos se repartirá entre cerca de 150,000 trabajadores.

Tampoco es ningún pecado destinar parte de ese ingreso a los “gustitos” de fin de año. Traguitos y gallina rellena. Pero llamo a los trabajadores a hacer un presupuesto con esa plata, cada uno sabrá con certeza cuánto dinero invertirá en cada regalo, cuánto en la cena navideña y algunos otros gastos. Así, no comprará sin control ateniéndose a que es un momento donde parece que vivimos en un país del primer mundo. Sobra el dinero, la comida y el guaro.

Otro aspecto es aprovechar las promociones que abundarán como promesas de políticos, y los buenos precios y las facilidades de endeudamiento de la época.

* Docente universitario