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Quien suscribe estas líneas es hijo del promotor-fundador de Nueva Guinea, Rev. José Miguel Torres Reyes, por tanto escribe con conocimiento de causa.

Nueva Guinea es el más grande proyecto ecuménico promovido por Convención Bautista alguna en América Latina. Tiene espíritu ecuménico por la labor de sus fundadores y por su composición poblacional. Representa o encarna la respuesta histórica, victoriosa y pacífica al problema secular de la tierra en Nicaragua.

Fue en los años ochenta el segundo escenario de la guerra, que heredó heridas profundas en su población, pero también aportó al mundo la labor inédita de desarrollar la construcción de paz y reconciliación en el mismo marco de la guerra y en los años posteriores, incidiendo en sus secuelas. Nueva Guinea también fue el granero que alimentó al país en esos años aciagos.

El FSLN estuvo a cargo de la administración edilicia en esa década en la persona de Donald Ríos Obando, pionero fundador, el más joven que entró con mi padre para fundar Luz en la Selva. Posterior a la guerra, el liberalismo asumió la alcaldía, varias de esas administraciones fueron corruptas y solo se dedicaron a enriquecerse, dada la pujanza económica de ese municipio, que tiene todas las condiciones y características para ser la cabecera del futuro 18avo. departamento del país. En 2015 cumple su cincuenta aniversario y en 2014 el centenario del nacimiento de su fundador, Rev. Torres Reyes.

La actual administración del Lic. Denis Obando, joven profesional, electo recientemente como el  mejor alcalde de Nicaragua y candidato a su reelección, ha sido un parte-aguas en la gestión municipal. Ha sido una administración abierta, dialogante con todos los sectores por encima de diferencias políticas, religiosas, étnicas y culturales. Obando es uno de esos pequeños estadistas que tienen un pensamiento más de avanzada que el liberal y un enfoque sobre el desarrollo local que ha compartido en eventos mundiales, incluso está disponiendo al municipio en función del impacto que tendrá la construcción del gran canal interoceánico, que en cualquiera de sus modalidades pasará por Nueva Guinea; le ha impreso un ritmo de crecimiento cinco veces más rápido que cualquier municipio de Nicaragua.

Ahora, Nueva Guinea tiene tres universidades, aporta al país el 20% de la producción pecuaria, el 80% de raíces y tubérculos, la empresa lechera exporta 250 mil libras de queso a Florida, El Salvador y Honduras, aún sin contar con los programas del gobierno central está pavimentando las calles con materiales superiores al adoquín.

En Nueva Guinea no existe pobreza extrema, la gente llega para establecerse y asegurar su futuro. Los programas del gobierno como el emblemático bono productivo y otros, no inciden en el campo, sencillamente porque es una región de pequeños, medianos productores; ellos mismos producen los contenidos de esos programas: leche, granos básicos, aves, ganado vacuno, porcino, café y agroindustria.

Si el FSLN quisiera incidir en esa población debería dirigir hacia ella políticas y programas que sí le son necesarios: crédito, asistencia técnica, mercadeo a sus productos que rompan la cadena de intermediarios que les afecta. Es de suma importancia para la paz, estabilidad y futuro de la región que el Consejo Supremo Electoral, el gobierno y el FSLN atiendan los reclamos de esa población. Las heridas de la guerra no están cicatrizadas, cualquier acción de fuerza puede desencadenar la violencia. Se maneja que no menos de cinco mil campesinos están dispuestos a marchar pacíficamente. Esa situación demanda una acción con sabiduría de todos los actores; flexibilidad negociadora, reconociendo las particularidades de esa región, su historia, vocación de paz; un baño de sangre enlutaría todo el país y abrirá el conflicto de manera recurrente.

* Director Instituto “Martin Luther King”, UPOLI