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Radio Mujer está en agonía. La emisora guerrillera, defensora de los derechos humanos y sobre todo de aquellos que dignifican a la mujer, dejará de existir dentro de pocos días, según afirma su directora y fundadora, Ada Luz Monterrey Edén.

La muerte de Radio Mujer, si hubiera ocurrido muchos años atrás, podríamos atribuirla a la criminal consigna “Muera la inteligencia” que impulsó las acciones diabólicas del fascismo franquista, continuadas

ahora bajo el sistema capitalista salvaje.

Siempre la oposición valiente y vertical de Radio Mujer en su lucha contra la degeneración sistemática de nuestros valores y su rechazo a la manipulación, calumnias e hipocresía del sistema mediático global, fue mal vista,  pero pudo sobrevivir en medio de grandes tempestades.

No obstante, los métodos para matar y acallar al ruiseñor pueden ser muchos y diversos. Van desde la persecución, censuras, cárceles,  torturas y exilios que sufrió Ada Luz en tiempos del somocismo, hasta  los sofisticados recursos actuales, chantaje y muerte publicitaria.

No es difícil determinar quienes son los enemigos mortales de Radio Mujer que, después de Radio Güegüense, es el último reducto cultural que nos queda, y también un centro donde se practica un periodismo profesional que busca la paz y la fraternidad entre los nicaragüenses.

Con su desaparición las mujeres perderán a una buena amiga, consejera fiel y acertada en pro de un feminismo sabio, ecuánime, justo y dispuesta a cualquier sacrificio en bien de la Patria.

Nos hemos quedado congelados ante la noticia. Tal parece que al silenciar de un modo paulatino a Radio Mujer, el mismo silencio de ella nos afecta a todos. ¿Será una muerte silenciosa la de Radio Mujer?

¿Únicamente estaremos dispuestos a llegar  -si acaso- a su funeral?

¿No levantaremos siquiera un dedo? ¿No sacrificaremos siquiera un gesto a su favor? ¿Nos haremos cómplices de la consigna fascista “Muera la Inteligencia” que está impulsando la desaparición de Radio

Mujer? ¿Qué hará nuestro pueblo y las instituciones feministas en este caso?

Además, resulta incongruente y cruel que en una era cristiana, socialista y solidaria como la que vivimos, tenga que morir una emisora cultural, construida con legítimos valores sandinistas.

Y es incongruente también observar con dolor que, mientras este paradigma de la radiodifusión desaparece, otros medios, enemigos de la cultura, escarnecedores de nuestra gente y violadores del derecho humano a una comunicación constructiva, siguen envenenando y deformando nuestro periodismo.

Sin embargo, querida Ada Luz, la inteligencia es inmortal. Y como dijo Morazán antes de ser fusilado por manos ticas: “Somos unos simples mortales, pero la posteridad nos hará justicia”.

* Catedrático de periodismo