León Núñez
  •   Managua, Nicaragua  |
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Yo creo que de todas las innumerables crisis que está sufriendo este país, la más grave, la más perjudicial, es la crisis de la verdad, que para mí es la causa de todas las crisis.

Tal vez sería más apropiado hablar de las crisis de las verdades en vez de hablar de la crisis de la verdad, porque en Nicaragua al no ser la verdad una categoría moral, hay verdades de verdades, con la singular particularidad de que generalmente las verdades están en constante movimiento, en permanente transformación, de tal suerte que las verdades de la mañana pueden ser las mentiras de la tarde.

Debido —fundamentalmente— a que en este país, la lógica clásica ha perdido todo su valor, existen también verdades que al mismo tiempo son mentiras y mentiras que al mismo tiempo son verdades, lo que nos conduce al conocimiento de que en Nicaragua todo puede ser verdad y mentira al mismo tiempo.

Pero hay algo que complica más el problema de la verdad o el problema de las verdades y es el hecho de que aquí existe también una superabundancia de verdades que son medias verdades, de verdades que son medias mentiras, de mentiras que son medias verdades y de mentiras que son medias mentiras. Y el colmo de la confusión, de la incertidumbre, es que hasta existen mentiras que no son verdades, pero que tampoco son mentiras y verdades que no son mentiras, pero que tampoco son verdades.

La comprensible falta de credibilidad se traduce dramáticamente en una generalizada desconfianza de todos «contra» todos. Es necesario destacar que la falta de credibilidad afecta tanto a las verdades como a las mentiras.  Además de no creer en las verdades, la gente hasta desconfía de las mentiras porque sencillamente pueden ser verdades, pueden ser medias verdades o pueden ser medias mentiras.

En este sentido se puede hablar no solamente de la crisis de la verdad sino también de la crisis de la mentira.

¿Cómo empezar a tratar de superar la crisis de la verdad? No tengo respuesta a este interrogante. Pero tengo una sugerencia. Como aquí existen muchas entidades —vía ONG— dedicadas como modus vivendi a hacer estudios sobre la paz, la democracia, los derechos humanos, etc., etc., etc.,....etc., etc.,... sería conveniente recoger estas experiencias y proceder a la creación de un instituto que, con patrocinio extranjero, investigue las causas de la crisis de la verdad y nos recomiende cómo solucionar dicha crisis. El instituto podría llamarse Instituto para la Verdad.

Se debe recomendar que los futuros directores del Instituto  deben ganar no menos de diez mil dólares mensuales, libres de impuestos, para que así, con entusiasmo, realicen sus investigaciones sobre el fenómeno de la verdad, sin descuidar el fenómeno de la mentira.

Es importante hacer énfasis en la necesidad de que también se mande el presupuesto a los patrocinadores extranjeros del Instituto para pagar las correspondientes publicaciones —hay que publicar en libros y revistas los resultados de las investigaciones y las fotografías de los directores— sin olvidarse de pedir el dinero necesario para pagar las boquitas y los traguitos que deben repartirse  al final de los actos a realizar, pues los directores del Instituto no deben mantener a sus invitados con la boca seca y el estómago vacío.

Posiblemente el Instituto, después de una labor de diez o veinte años en reuniones, mesas redondas, encuentros, seminarios, congresos, talleres, conferencias, simposios, etc., pueda contribuir a que los nicaragüenses conozcamos la crisis de la verdad. Quizás surja una nueva teoría. La de la verdad verídica, la de la verdad verdadera o la de la verdadera verdad.

Si esta posibilidad se lograse concretar en este país, el Instituto podría hasta llegar a constituirse, al igual que la Universidad para la Paz, en una institución permanente, en una Universidad para la Verdad, a la que se le podría encomendar, en vez del estudio de la crisis de la verdad, el estudio de la verdad de la crisis.