Jorge Eduardo Arellano
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

China y Estados Unidos acaban de renovar –o legitimar la continuidad en el caso estadounidense– sus liderazgos políticos. Los nuevos líderes chinos y la administración Obama deberán manejar y dar respuesta a los desafíos de la relación bilateral más importante del mundo.

“Hay lugar para todos, el Pacífico es suficientemente grande”. Así lo ha dicho Hillary Clinton, secretaria de Estado de EU. La última vez fue el jueves en Australia, país con el que Washington tiene una vieja amistad y una alianza político-militar muy considerable.

Como buena diplomática, Clinton buscó las palabras correctas para minimizar la rivalidad creciente con China. En Washington tiene lugar desde hace mucho tiempo un debate en círculos políticos, de negocios y académicos sobre el futuro de la relación con Pekín.

Unos creen que es posible un mayor compromiso y activismo chino en las instituciones del orden mundial, logrando su cooptación dentro del sistema bajo la hegemonía estadounidense; otros ven las cosas tomando el rumbo hacia una confrontación bipolar del tipo de la Guerra Fría y propugnan una nueva doctrina de la contención.

La creciente fortaleza económica y el poderío en aumento de la República Popular China, RPC, levantan recelos y temores en Asia. En particular en países con disputas territoriales y marítimas. Despiertan preocupación  las posiciones tajantes y el tono oficial de las reacciones. El ejemplo más reciente es la revivida disputa por las islas Diayou, Diayoutai o Senkaku (según las denominan la RPC, Taiwán y Japón, respectivamente).

Países como Japón, Tailandia, Vietnam y Filipinas han reforzado sus alianzas o sus nexos de seguridad con EU.

Pese a lo que Clinton dice, la realidad es que Estados Unidos está reforzando su presencia militar en Asia y el Pacífico. El secretario de Defensa, Leo Panetta, ha sido un huésped frecuente en los salones asiáticos en los últimos meses, habiendo discutido o negociado nuevos acuerdos o renovado viejos arreglos que garantizan presencia naval y de personal militar de EU en bases regionales.

Hasta la fecha, Washington y Pekín trabajan enfocándose en los asuntos de interés común y beneficio mutuo. Sin embargo, larga es la lista de diferencias: el valor del yuan chino y su valor artificialmente devaluado (para EU), el enorme déficit comercial estadounidense; la relación no oficial y las ventas de armas defensivas de EU a Taiwán; la violación de propiedad intelectual; el respeto a los derechos humanos; la deuda estadounidense con China a través de la compra al por mayor de bonos del tesoro federal; espionaje; relaciones con regímenes enemigos de Washington; etc.

¿Es inevitable una confrontación futura entre superpotencias? No hay una respuesta contundente a esta interrogante. Algunos advierten de que de tanto repetirlo, se puede tornar en una profecía que se cumple por sí sola. El sistema internacional de posguerra fría del siglo XXI sigue evolucionando.

Pese al dinámico crecimiento en tres décadas de reformas económicas y a ser ya la segunda economía mundial, China es aún una nación en desarrollo que debe sacar a cientos de millones de la pobreza, que experimenta gigantescos problemas medioambientales y otros como  -- por muy inverosímil que parezca – el envejecimiento acelerado de la población.

El desarrollo industrial de la RPC es en sectores tradicionales porque industrias de mano de obra intensiva es la solución correcta para una nación obligada a resolver estos problemas de empleo de cientos de millones; y, por otro lado, si bien la inversión de 1.5% del PIB en R&D (investigación y desarrollo) científico-tecnológico, China está muy lejos de hacer sombra a la incuestionable superioridad tecnológica estadounidense.

Estados Unidos cuenta con las mejores universidades globales, disfruta del liderazgo en innovación científica y tecnológica, y con su hegemonía sobre las instituciones internacionales, tiene la capacidad de influenciar y moldear el nuevo orden en el que tendrá que convivir China.

Los líderes de ambos lados deben ponerse manos a la obra. EU ya tendió una mano. “Pienso que hemos puesto en marcha los mecanismos para tener una relación productiva y constructiva y esperamos con interés trabajar con el nuevo liderazgo en Pekín”, dijo ayer Tom Donilon, asesor de seguridad nacional de Obama.

“Tratamos de manejar los desacuerdos y la competencia de una manera saludable. Y eso quiere decir instar a Pekín a definir sus intereses nacionales más en términos de las preocupaciones comunes globales y a comprometerse a ayudar en los problemas globales que afectan a la comunidad internacional”, añadió.

La pelota está ahora del lado de los chinos.

* Analista de asuntos Asia-Pacífico