•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Un artículo del General Humberto Ortega sobre Geopolítica (El Nuevo Diario, 18 octubre 2012) relaciona la crisis financiera y fiscal en las grandes potencias respecto de las potencias emergentes y sus efectos en los pequeños Estados. Menciona el poder geoestratégico nuclear, espacial (se entiende en órbitas bajas) y cibernético (léase de información, control y mando), más el dominio de los mares, por relación a las reservas de alimentos y fuentes de energía, en un contexto de “actores multipolares” del que Nicaragua debería de mantenerse “no alineada” por su proyecto canalero (¿utopía?).

Hace un ejercicio de pensamiento estratégico de academia, pero omite las tecnologías de “superioridad estratégica”, así como la tendencia a la dispersión global de los intereses del capital financiero a escala planetaria. Décadas de abandono del capitalismo industrial en las grandes potencias mediante su deslocalización, cambió la estructura económica de base de sus Estados y de su potencia militar por una Economía Especulativa de capitalismo financiero. En la actualidad, por la crisis financiera y fiscal, las potencias se enfrenta a la pérdida de valor de las divisas de reserva, a causa de la expansión monetaria; mientras su “economía real” en recesión prolongada compromete el soporte económico de su presencia militar global. Las potencias están en decadencia.

Tampoco vale el viejo esquema de la posguerra de “países no alineados”. El actual orden internacional sucumbe en un mundo cada vez más desorganizado y caótico. No necesariamente apocalíptico, pero sí cada vez más inseguro. Sin comprometer personal en las acciones de tierra, en guerras no declaradas o guerras privadas, se puede matar y destruir a distancia y hasta con el anonimato de aviones teledirigidos.

Los últimos cincuenta años observamos la sucesión de innovaciones tecnológicas por el desarrollo de la óptica, la electrónica y los automatismos. Con la Guerra de Vietnam aparece la detección óptica por infrarrojo y las contramedidas electrónicas de detección amigo/enemigo en el radar. En la Guerra de Yom Kipur (1973) el sistema suministrado a Egipto de contra-contramedidas electrónicas confundió con éxito a la aviación enemiga. Pero estas tecnologías tácticas no representaron cambios de doctrina estratégica ni en la formación de las fuerzas aéreas, terrestres y navales.

En cambio, apareció una nueva doctrina de “superioridad estratégica” y un nuevo tipo de ejército en la Guerra del Golfo (1991) con misiles crucero de guía computarizada lanzados desde centenares de kilómetros de una plataforma embarcada, más el sistema aerotransportado de Alerta Temprana (inteligencia electrónica) que dirigió en un escenario de hasta 400 km los misiles aire-suelo con sensores de guiado inteligente. Así controlaron durante años el espacio aéreo iraquí hasta 1995 sin poner ni un soldado en la capital sometida.

En los noventa, la secuencia programada de guerras separatistas escalonadas en las repúblicas federadas de Yugoslavia consolidó la doctrina de “superioridad estratégica” con la destrucción anticipada de los sistemas de defensa, comunicaciones y suministro eléctrico, sin intervención de tropas de tierra. En las dos grandes guerras de la pasada década en Medio Oriente, tan sólo se acuartelaron tropas de élite en unas pocas bases sin ocuparse de gestionar el territorio. Y las últimas guerras de la década del 2010 por el control de posiciones en África y Medio Oriente están combinando la interdicción aérea a cargo de las antiguas potencias con estallidos de guerra civil, previa formación y entrenamiento de “refugiados”.

Estos cambios condicionan a grandes potencias y pequeños Estados. La reducción de los ejércitos en las potencias ha rebajado la defensa de sus propios territorios que los vuelve inestables. Y los pequeños Estados, más que declararse “no alineados”, lo que necesitan es cohesión de la población, autonomía económica y defensa del territorio.

* Profesor e investigador, retirado