•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

En una ocasión tuve una acalorada discusión con un primo mío de confesión atea. Él sostenía que todas las religiones eran de origen mitológico, inclusive la cristiana. Su ateísmo dogmático y militante le hacía empecinarse en una posición intransigible. A tal extremo que me vi forzado a ceder un poco. Le dije: “hagamos un trato, te entrego mi Fe a cambio de que tú me des algo que la suplante”. El me dijo: te doy la Razón. Inmediatamente le respondí: “¿Cómo puedes tú darme la razón si llevo más de 30 anos cultivándola? Además soy filósofo”.

Lo que mi primo en verdad me estaba ofreciendo subrepticiamente no era otra cosa que la NADA. Esta es la típica reacción de un ateo dogmático y militante frente a un cristiano confeso. Estos tipos de ateos no sólo no tienen Fe, sino que también han tomado la firme y obstinada posición de atacar a todos aquellos que la profesan. Estas van desde las más altas clases sociales hasta las más humildes. Por eso suelo decir que ¡la Fe es el patrimonio y la riqueza de los pobres!

En otra ocasión le escribí a mi primo para amonestarlo y recriminarle su prédica ateística. Él simplemente me contestó en un largo email que nadie, absolutamente nadie, le podía quitar el “derecho” de expresar sus opiniones en cualquier medio escrito, hablado o televisivo. Mi respuesta a esta defensa fue silencio.

Días después me puse a reflexionar sobre lo que es en sí el ateísmo y no necesariamente las causas que lo provocan.

En primer lugar, el ateísmo no es sólo un pecado contra Dios, cuando este se profesa en privado, sino también una ofensa contra los que públicamentee profesan una fe determinada y un peligro para aquellos que todavía dudan o para aquellos que todavía no han alcanzado la edad madura de la fe.

En segundo lugar, el ateísmo contemporáneo es una corriente ideológica que nace a partir de una serie de factores especialmente de orden sociológico, como los escándalos protagonizados por muchos agentes “oficiales” de la religión, y por muchas vidas dobles de falsos cristianos, entre otros. Y, en tercer lugar, la esencia del ateísmo tiene una relación directa con las tres virtudes teologales de la Fe, la Esperanza, y la Caridad.

Un ateo dogmático y militante no profesa ninguna creencia más que la del saber racional y científico. Han puesto como opuestos, el “saber” y el “creer”. En nombre de la ciencia, o mejor dicho, de la pseudo-ciencia, le han declarado la guerra a la Fe.

Los ateos dogmáticos y militantes también atentan contra la “Esperanza”. El ser creyente no sólo vive de la fe, sino también de la esperanza en un mundo mejor, que tarde o temprano ha de venir. Los ateos, en cambio, se empotran en la existencia temporal.

Hace muchos años mi primo también me confesó que él no se acordaba de una existencia previa a la que actualmente tenía y estaba totalmente seguro que tampoco la tendría después de su muerte. En otras palabras, de la ‘’nada’’ venimos y hacia la ‘’nada’’ vamos. Esto se llama “nihilismo’’.

Y por último, los ateos no aman. No pueden tener amor porque se han negado a aceptar la fuente del amor mismo que está en Dios. Característica propia del amor es salir de uno mismo hacia el otro, sea este Dios o el prójimo. Sin esta capacidad el ser humano cae en el egocentrismo, que es la quinta esencia de la negación del amor.

Ahora podemos sacar la conclusión del peligro que representa para la cristiandad la prédica de estos señores.

 

* Docente universitario