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A escasos días de dar inicio la próxima ronda de negociaciones sobre reducciones de emisiones de gases de efecto invernadero en Doha, Qatar, las revelaciones de un estudio del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP, por sus siglas en inglés), marcan la pauta de los formidables retos que deberán enfrentar los delegados de los países participantes en la esperada reunión.

Primero, una constatación desalentadora. Desde el 2000, la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera ha aumentado en un 20%. Segundo, un preocupante recordatorio: tales emisiones contribuyen inequívocamente al cambio climático y la incapacidad manifiesta hasta ahora de contenerlos y/o reducirlos podría tener consecuencias muy peligrosas, incluyendo el aumento del nivel de los océanos y cambios radicales en las precipitaciones, lo cual afectaría negativamente la agricultura y el acceso al agua potable, propagación de enfermedades y extinción de especies.

Un objetivo ineludible señalado para la ronda de Doha surge en el estudio como una sentencia. Los niveles de emisiones deben ser reducidos en un 14% para el año 2020 si es que el mundo se plantea seguir la senda que lleve a mantener el aumento de la temperatura global en 2° C, comparado con los niveles pre-industriales. Luego se desprende una advertencia categórica. En ausencia de un cambio drástico de rumbo, las emisiones probablemente alcanzarán las 58 giga toneladas en el 2020, 14 toneladas por encima del umbral que posibilitaría limitar el recalentamiento a 2° C.

Las crudas declaraciones de miembros del grupo de países conocidos como el “Bloque Básico”, Brasil, China, India y África del Sur, llegan como prolegómenos de lo que será la ronda. De entrada, estos países lanzan la pelota en la cancha de las naciones ricas. Las negociaciones acerca de un nuevo tratado sobre cambio climático no avanzarán a menos que aquellas se comprometan a llevar a cabo reducciones más ambiciosas de las emisiones de gases de efecto invernadero, anunciaron.

Pero países considerados como grandes emisores de gases como Canadá, EU, Rusia y Japón, no asumen el reto. Afirman que no se logrará ningún impacto a menos que grandes países como China e India asuman objetivos similares. Los países del Bloque Básico por su parte, insisten que cualquier nuevo tratado debe ser negociado bajo los mismos principios de la convención actual sobre el cambio climático, es decir, manteniendo una clara división entre países pobres y ricos.

Para marcar la línea de despegue de la justa de Doha, los cuatro del Bloque Básico remachan los límites más allá de los cuales no habrá negociación posible. Retomando las conversaciones de Durban, subrayan que “la plataforma de Durban no es de ninguna manera un proceso para negociar un nuevo régimen, ni para renegociar, reescribir o reinterpretar la Convención y sus principios y provisiones”. Y terminan enfatizando que en cualquier nuevo tratado no aceptarán el mismo trato que las naciones ricas.

Así las cosas, no se puede menos que inferir que los participantes llegan a la nueva ronda de Doha con expectativas muy diferenciadas, unos con más angustias que certezas y otros con más preguntas que respuestas. Parecería que muchos se apegan a los sinsabores que dejó la ronda de Durban en donde, a falta de avances sustantivos y como premio de consolación, acordaron darse un plazo no más allá del 2015 para alcanzar un acuerdo de manera que un nuevo tratado pueda entrar en vigor en el 2020.

Entretanto, científicos y políticos externan con gravedad y convicción sus dudas sobre la responsabilidad del cambio climático. La pregunta es: ¿variabilidad natural del clima o efecto del cambio climático de origen antropogénico?

Dos investigadores del Instituto del Clima de la Universidad de Postdam procedieron a estudiar los acontecimientos climáticos de los últimos diez años, y han llegado a concluir que existe un vínculo entre las actividades humanas y la intensificación de los acontecimientos climáticos extremos.

Intensas sequías, lluvias diluvianas, tempestades tropicales y otros huracanes devastadores se intensifican mientras en Doha las delegaciones probablemente condimenten sus conversaciones con un poco de realismo y un mucho de cinismo.

 

* Escritor y ex diplomático