Ernesto Aburto
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La restitución de nuestro mar Caribe por la Corte Internacional de Justicia en La Haya nos coloca como pueblo ante nuevos y enormes desafíos. El primero es hacer que el gobierno de Colombia se despoje de su ropaje imperial y que acepte acatar la sentencia del lunes 19 de noviembre.

Aun cuando todo cambio tiene resistencia, y eso explica en parte las “pataletas” del gobierno de Bogotá, la sentencia del lunes anterior marca la hora en que la clase política colombiana debe empezar a reflexionar y reconocer que estuvo vendiéndole a su pueblo unos derechos que nunca tuvo.

Además el gobierno de la lejana Bogotá debe alegrarse porque a pesar de eso, la sentencia conciliatoria de La Haya le entregó, y ahora para siempre, las islas y los cayos de la plataforma continental nicaragüense, a cambio de que a Nicaragua se le restituyera 93 mil kilómetros cuadrados de su mar Caribe, adicionales a los 62 mil que ya tenía con la anterior tesis del meridiano 82.

El segundo desafío es adquirir la capacidad de defender esos casi 92 mil kilómetros restituidos de mar territorial, y el tercero, tener la disponibilidad para sacarle provecho a sus recursos minerales y biológicos en beneficio de todo nuestro pueblo.

¿Pero, cómo lograr todo eso si Colombia nunca ha respetado a un país más pequeño, y si además somos tan pobres que no tenemos dinero para comprar los medios navales de guerra que disuadan a los voraces frente a cualquier intento de atropello?

Es urgente que Nicaragua desde ahora empiece a ejercer su dominio sobre el inmenso mar reivindicado. Siendo absurda la opción de un desigual enfrentamiento militar, son buenas opciones las de buscar alianzas con países y consorcios internacionales para explotar equitativamente los recursos del Caribe nicaragüense. México, España, Argentina, Rusia y Venezuela, entre otras, son alianzas de trabajo muy viables.

Porque aún en caso de que Colombia deponga su irracional resistencia y alguna vez tengamos libre acceso al mar territorial que acaban de restituirnos, ¿dónde está nuestra capacidad para transformar en tierra firme sus productos para sacarles valor agregado?

Ya es tiempo de asumir en serio los nuevos desafíos, y decidirnos desde ahora por ese cambio de mentalidad que trae consigo una mayor y mejor educación.

Hay ejemplos claros en el vecindario centroamericano que nunca hemos querido ver con seriedad y ánimo de emulación:

Costa Rica, súper educada e institucionalizada, con uno de los mayores niveles de conciencia cívica en América, cerró el año 2011con un producto interno bruto de 8 mil 884 dólares con 60 centavos, contra US $ 1 mil 239.20 de Nicaragua en ese mismo año. El Salvador, cuya oligarquía nunca dejó de producir, aún en medio de la guerra civil de los 80 y 90 ostenta un PIB de 3 mil 661.6 dólares.

El desenlace del reclamo nicaragüense ante La Haya puso de relieve los exitosos frutos que se pueden lograr cuando se consigue actuar con visión de nación y unidad nacional. El acto del lunes 19 en la Plaza de la Revolución, con el gobierno actual y todos los actores sobrevivientes de una pelea que duró casi cuatro décadas es algo que no debe quedar en la memoria popular como una bella estampa, sino que debe servir de ejemplo y tener continuidad en la lucha que todavía hace falta. Y parte medular de esta lucha es la búsqueda constante de la unidad nacional por la economía.

Nos organizamos para defender nuestros derechos en la corte internacional, y fue bastante lo que logramos. Fuimos capaces de organizarnos para la guerra, y dimos al traste con la dictadura de Somoza. Nos organizamos para la salud, y erradicamos la poliomielitis y otras epidemias. Trabajamos con organización y participación popular, y erradicamos los grandes niveles de analfabetismo. Pero en economía seguimos siendo pobres.

Ahora, la sentencia de La Haya ha abierto una grande e histórica oportunidad para nuestro desarrollo. Es justo entonces que con unidad nacional y con visión de nación, nos organicemos para desarrollar la economía del territorio, e impulsar las acciones que Nicaragua necesita.

 

* Cofundador, periodista y ex editor de El Nuevo Diario