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Los pactos por debajo de la mesa para desviar el voto y la calidad humana y profesional de las y los candidatos han convertido al abstencionismo en el ganador de las elecciones.

La Iglesia está perdiendo credibilidad especialmente entre la juventud, pero todavía tiene una gran influencia moral y en la formación de la opinión pública. El pastor, el sacerdote tienen acceso a mayorías, especialmente entre adultos y niñez. ¡Pero parecieran no darse cuenta!

En complicidad con algunos líderes religiosos los puestos de autoridad en el Estado están siendo usurpados. La Iglesia está obviando su papel, mientras que la feligresía está priorizando estar bien ante su partido del cual espera empleo, regalos y poder. La Iglesia tampoco cuestiona la actuación de vivir adorando el televisor, nintendos y celulares, los casinos y todo que da alegría pasajera.

En años anteriores la política no se interesaba por la Iglesia, al contrario, discursaban en contra de ella. Hoy es diferente, y no, porque los políticos se hayan convertido, no, lamentablemente no, pues sus hechos lo dejan claro, sino que los líderes religiosos se han dejado usurpar su lugar, institución y función. La política tiene estrategias cínicas con aquellas personas de baja escolaridad, aquellos que nunca han formado principios y que no tienen valores firmes.

La juventud es su blanco, con ella ejecutan sus estrategias, mientras que la Iglesia permite que usen a sus líderes y manipulen a sus feligreses para aceptar la corrupción individual, partidaria e institucional.

¿Cómo es posible, que un creyente esté de acuerdo con fraudes electorales y con corrupción institucional? ¿Que un creyente apoye el engaño y la mentira? ¿Que un creyente se emocione positivamente por la injusticia? ¿Que un creyente vea el robo y lo consienta?

Entre la población ya se han popularizado antivalores. En hogares sin valores, con individuos sin principios las cosas pasan, todo mundo lo sabe y nadie cambia ni cuestiona.

El robo es normal, todo mundo cuida sus cosas hasta en las Iglesias, porque desde lo más íntimo cada uno piensa que el otro es un ladrón potencial.

Se ha venido normalizando que los empleos del sector público no se den por capacidad sino en primer lugar por pertenencia partidaria.

El 4 de noviembre el 70% de la población no votó, y expresaron que les pareció ridículo ir a votar, cuando todo está decidido desde arriba, antes que se den las elecciones.

No es apatía, es una señal de protesta ante el CSE, ante la corrupción, injusticia, engaño, compra de voluntades, trucos, chantajes y hasta asesinatos por fanatismo, ¡actitudes horrendas y vergonzosas que se han vuelto parte de nuestra cultura!

¿Dónde están los valores que la Iglesia predica, practica y forma en su feligresía entre miembros y visitantes, madres, padres y jóvenes? ¿No es esto una crisis?

La escuela es el segundo lugar de formación para la niñez, adolescencia y juventud, donde se encuentran con nosotros, las y los formadores profesionales! ¿No aprendemos en las universidades y en la escuela de maestros cómo formar — en conocimiento y conducta cívica y moral?

¿Cómo es que hoy en día la juventud no se interesa por el contenido social, económico y político? Nuestra juventud se está hundiendo en los vicios, vagancias y desesperanza. La gente joven está siendo descuidada por padres, madres, Iglesia y escuela, rendidas ante la impotencia de poderles guiar en esa linda, importante y difícil fase de la vida.

En el aula pasan cosas terribles, nuestros estudiantes son usados por criminales quienes usan la escuela como semillero para sus malignidades. Día a día perdemos un puñado de jóvenes en las drogas, en el alcohol y la prostitución. El rendimiento escolar es lamentable y la relación entre padres, maestro y estudiante está en gran crisis.

El maestro ya no tiene la misma autoridad que tenía antes, también ha perdido su posición tan honorable ante la sociedad. El obtener certificados y diplomas no significa ningún cambio de actitud ni socio económico, por lo tanto la escuela está perdiendo su importancia.

Lideres religiosos, maestras y maestros detengámonos, reflexionemos y actuemos. Lo que está pasando en nuestro país es resultado de nuestra ineficiencia. Estamos permitiendo que los partidos y el crimen minen nuestras honorables instituciones agarrando y mal formando a la gente joven, quitándonos así nuestra razón de ser, hundiendo así a nuestras instituciones y profesiones en una crisis casi sin esperanza y ante nuestro fracaso se forma una sociedad sin principios, sin Dios y sin futuro.

¡Pongamos la barba en remojo! Retomemos nuestras instituciones y sagradas ocupaciones para formar a las y los futuros líderes sociales y políticos, más esforzados, éticos, honorables y respetuosos. Si no lo hacemos, ¡Dios y la patria nos demandarán!

Los partidos tienen el poder, la plata, los cargos de jerarquías, las instituciones, los puestos de trabajo y han invadido las organizaciones civiles. El individuo se mueve entre el aislamiento y el fanatismo, entre el temor y la entrega por la seguridad y “defensa de los comederos”.

Como cristianos y educadores estamos en un momento crítico, luchamos por nuestras necesidades, queremos una vida sin problemas y hasta por codicia nos encontramos frente a la tentación más irresistible: “¡Todo esto te daré si postrado me adorares!”

 

*Pedagoga, M.Sc. en ciencias educacionales y políticas (Universidad Tübingen/RFA). Maestra en Nueva Guinea