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Hasta ahora la Universidad de Arizona no ha podido soportar la fidelidad de los documentos atribuidos a Darío, que ha adquirido recientemente como si fuesen manuscritos originales del poeta.

Conste que es más difícil demostrar la autenticidad de unos manuscritos, que demostrar su falsedad. De modo que la primera tarea de un experto consiste en comprobar o descartar la falsedad de los mismos, antes de darse a la empresa de demostrar su autenticidad.

Sergio Ramírez ha intentado demostrar que los manuscritos achacados a la autoría de Rubén Darío, recién adquiridos por la Universidad de Arizona, no son auténticos. En su argumentación, Ramírez ha considerado que el elemento fundamental, para tal fin, sea el poema “Remember”, que en una supuesta carta –del paquete de documentos bajo sospecha- escrita aparentemente por Darío a Amado Nervo durante su estadía en Nueva York (en noviembre de 1914), vendría apelado con el título de “Ah! Recuerda”.

El profesor Aceredo, personalidad reconocida internacionalmente como un experto dariano, y que habría dado fe a la Universidad de la autenticidad de tales manuscritos, comete el error de afirmar que tal poema sea una obra inédita de Darío, que habría sido escrito en 1913, en Barcelona, y que su contenido sería inspirado por una atracción física de Darío hacia Amado Nervo (todo lo cual, lo deduce de la carta mencionada, que Aceredo toma como documento legítimo de la autoría de Darío).

Es decir, Aceredo hace lucubraciones a partir de su confianza en la autenticidad de los documentos, sin siquiera emprender antes el camino más fácil, de comenzar por hacerle frente a la eventualidad de su falsedad total. Esto le habría ahorrado jugarse su prestigio personal irresponsablemente.

Ramírez logra desacreditar plenamente la capacidad profesional de Aceredo. En efecto, Ramírez demuestra que el poema “Ah! Recuerda”, al contrario de ser inédito (como afirma Aceredo), y de resultar de una inspiración amorosa de Darío por Amado Nervo (como hace creer la carta bajo sospecha, fechada en Nueva York, en 1914), es un poema escrito por Darío en 1886, bajo el título de “Remember”, cuando tenía 19 años de edad, y cuando empezaba a experimentar con la melodía del verso, antes de publicar “Azul”, y de llevar a cabo la revolución estética modernista en la literatura hispana.

En efecto, al mostrar este poema, de 1886, en las obras completas de Darío, Ramírez desacredita totalmente a Aceredo. Pero, por esta vía, no demuestra que los documentos adquiridos por la Universidad de Arizona sean falsos en su totalidad, como realmente se presume a primera vista.

Darío pudo –si le daba la gana- dedicar a Nervo, o a cualquiera, uno de sus poemas escrito muchos años antes. De manera, que la fecha en que fue escrito el poema en cuestión no descarta la posibilidad de la dedicatoria posterior (con independencia de su inspiración original).

De modo que para intentar demostrar la falsedad del lote de documentos adquiridos por la Universidad de Arizona, se requiere, más bien, emprender una metodología apropiada a tal efecto. Es decir, se necesita un peritaje caligráfico o un análisis caligráfico forense. De manera que, además de comparar con placas y lupas apropiadas los rasgos estilísticos personales de la escritura de Darío con la de estos documentos (es decir, la inclinación y la orientación de la escritura, y la frecuencia del espaciamiento de las letras), se analice también el tipo de tinta al que pudo tener acceso Darío (la cromatografía de dicha tinta, los pigmentos y colorantes usados en la época, los metales, cáscaras de semillas y glándulas de calamares empleados en la fabricación de la tinta china, en comparación con la tinta de los documentos cuestionados); y que se verifique un análisis nuclear comparativo del papel de la época con el de los documentos (las fibras vegetales usadas en su fabricación y los agentes químicos utilizados para su blanqueo, cloro, oxígeno, etc.).

Las cartas cuestionadas requerirían, además, un análisis lingüístico, ya que no es para cualquier charlatán redactar como Rubén Darío (amén de que un escrito revela, también, aspectos psicológicos y estados emocionales particulares, que un perito, por supuesto, intentaría discernir en la verificación de los documentos cuestionados).

En fin, además de haber comprometido irremediablemente el prestigio profesional de Aceredo, estos documentos ponen en entredicho la seriedad de la Universidad de Arizona, mientras ésta no muestre un peritaje forense que, por lo menos, descarte la falsedad total –que sería la más evidente en un laboratorio de criminalística- del lote adquirido bajo la presunción de la autoría de Rubén Darío.

 

* Ingeniero eléctrico