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Los cambios introducidos este año en el sistema de admisión de los médicos a los programas de especialización, considero constituyen un acto contrario a la misión educativa de las universidades y proyectan la imagen de una autonomía universitaria empañada.

Para juzgar sobre la validez de lo antes expresado, las personas ajenas al sector salud tendrían que saber que los programas de especialización médica son servidos en conjunto por el Minsa y las facultades de Medicina de la UNAN de Managua y de León. Los médicos residentes de los hospitales son estudiantes de posgrado en las universidades. El sistema de admisión se basa en los resultados de un examen de admisión, en la evaluación del desempeño durante el servicio social o como médico general, la lejanía del lugar donde realizan el servicio social, y en las calificaciones obtenidas durante la carrera de medicina. El cupo es fijado por una comisión integrada por representantes de las universidades y del Minsa.

Este año hubo un cambio drástico. Se dio un aumento considerable en las plazas de residentes, lo que a mediano plazo podría traducirse en un beneficio para la población, al aumentar el número de especialistas en el país, aunque por otro lado se oyen voces autorizadas expresando preocupación por un posible deterioro en la calidad en el proceso de formación de los mismos. Sin embargo, lo más llamativo es que el sistema de admisión antes señalado se aplicó sólo para 100 médicos, pues otros 200 fueron remitidos por el Minsa a las universidades, soslayando el examen de admisión y todo el sistema de puntaje. Incluso, se hizo caso omiso del requisito de una edad máxima para entrar a las residencias. La situación fue más grave en Managua que en León, pues aquí los médicos que entraron con base en el examen de admisión fueron la mayoría.

La razón aducida para el cambio en el sistema de admisión es que había necesidad de favorecer el ingreso de médicos generales radicados en lugares alejados, donde hacen falta especialistas y adonde es muy difícil que alguno se quiera movilizar.

El argumento anterior tiene dos puntos débiles: el primero, referido al número de beneficiados, sería aceptable si en lugar de dos tercios de los ingresados se hubiera tratado de una excepción para un número reducido de médicos, quizás unos 20 ó 30, seleccionados con pinza, en base a una conjunción de aptitudes y de necesidades reales de las comunidades; el segundo, es que en la lista remitida por el Minsa aparecen muchos médicos de las ciudades del Pacífico.

Después de escuchar a médicos jóvenes decir que el Minsa, a través de los Silais, les estaba pidiendo el aval de los CPC a quienes querían entrar a las residencias, considero que el cambio responde más a intereses politiqueros.

En efecto, lo expresado por los médicos calza muy bien con la voluntad del Frente Sandinista de otorgar a los CPC poderes suprainstitucionales. Esta vez el turno le habría llegado al Minsa y a las universidades. Una de las doctoras que ingresaron por este medio, y que vive en una de las principales ciudades del Pacífico, no sólo acepta que ingresó por los CPC, sino que se ufana de ello.

Hay al menos dos razones por las cuales las autoridades de la UNAN de Managua y de León deben prestar atención al asunto y publicar las reglas claras para el futuro. La primera es que el cambio efectuado tiende a producir un efecto devastador sobre las actitudes de los estudiantes de medicina y de los recién egresados. Muchos están tomando como lección aprendida, que para triunfar, más importante que estudiar y trabajar fuerte, es buscar cómo congraciarse con los políticos o doblegar humillados la cabeza. Esto resulta una medida deformante, contraria a la misión educativa de nuestros centros de estudios, lo que es muy grave, en un país donde los principios y valores ya están tan deteriorados. Más que un efecto potencial, esto es una realidad. Una recién graduada de médica, con muy buenas calificaciones, expresaba entre lágrimas que no pudo clasificar para los programas de especialización, a pesar de haber estudiado muy fuerte durante todo un año, preparándose a conciencia para el examen de admisión. Manifestaba que estaba considerando irse a trabajar en uno de los departamentos del Norte, y solicitar allí el aval de los CPC para tratar de ingresar el próximo año.

Otro recién egresado, aunque recién casado, había decidido solicitar que le ubicaran en una de las regiones del Atlántico para realizar allá su servicio social, bajo el razonamiento de que así ganaría los puntos que se otorgan en el sistema de admisión a quienes lo cumplen en zonas alejadas. Como era de esperar, se puso furioso al percibir que su sacrificio era en vano, ante su consideración de que quienes deciden ahora quiénes entran a las residencias hospitalarias son los CPC. Una tercera recién egresada me preguntaba si era cierto que el próximo año ya no habría examen de admisión, y que si todos serían escogidos por los CPC.

La segunda razón es que, en la misma medida en que se percibe que los CPC han tenido un papel destacado en la selección de muchos de los médicos que ingresaron a los programas de especialización, se percibe que la autonomía de las dos universidades ha sido lesionada.

Recuerdo haber oído de uno de mis profesores que, en la etapa previa a la autonomía, Somoza ocasionalmente habría dirigido al rector de la Universidad mensajes más o menos así: “Examínese y apruébese” a fulano de tal.

Ahora que celebramos 50 años de autonomía, hago un llamado formal a todos los miembros de las comunidades universitarias de la UNAN-León y UNAN-Managua, particularmente a las autoridades, a que trabajemos juntos para evitar que vuelvan situaciones parecidas, y para asegurarnos de que la tendencia conspicua del comandante Ortega a introducir el desorden en tantos asuntos como puede, no afecte de nuevo a las universidades.

* Departamento de Salud Pública. Facultad de Ciencias Médicas. UNAN-León.