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Nadie puede obviar a estas alturas del tiempo que los derechos humanos son nuestra ética, que los valores y principios de estos derechos considerados universales son realmente necesarios para la convivencia humana pacífica y la realización de la persona humana.

Algunos creen que los Derechos Humanos se reducen a meras Declaraciones cuyas palabras todo el mundo acepta pero que son sólo palabras. La verdad es que los derechos humanos están plasmados en textos normativos llamados Declaraciones, Convenciones, Pactos y Protocolos y que éstos son suscritos y ratificados por las Estados Miembros de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Lo cierto es que estos documentos existen porque la humanidad los necesita pero no juegan un papel declarativo sino que sirven para aplicarlos como instrumentos jurídicos internacionales válidos y vigentes para todas las personas en pie de igualdad y no discriminación.Los derechos humanos como exigencias son judicializables en las instancias de justicia nacional e internacional.

De todo lo anterior deducimos que es con un enfoque ético y jurídico que nuestro magisterio nacional debe educar en y para los derechos humanos a sus estudiantes con el propósito de formar ciudadanos libres, reflexivos, democráticos y pacíficos.

La educación en derechos humanos es una modalidad de la educación en valores. Los valores implícitos de los derechos humanos como son la libertad, la justicia, paz, solidaridad, la democracia, son los valores mínimos de una nueva ética y de una nueva política entendida como buen gobierno para vivir bien. La filósofa española Adela Cortina propone una ética de mínimos y esto es una gran verdad en los tiempos difíciles que nos toca experimentar y cuando se requiere un conjunto de valores para vivir en paz, con libertad y seguridad.

Las razones suficientes para educar en derechos humanos están a la vista: la profunda y devastadora crisis moral de las sociedades, la corrupción, la violencia contra las mujeres y los niños, la trata de personas, el narcotráfico, el tráfico de armas y la devastación ecológica, figuran entre algunos de los problemas que deterioran día a día nuestra ciudadanía y nuestra paz.

Por esto y sin demora debemos dedicarnos en la misión de maestros a la tarea permanente de establecer y desarrollar una educación en derechos humanos para construir una ciudadanía con valores universales porque es el momento de una ciudadanía global. Una acción importantísima es efectuar un cambio y una gestión curricular de los distintos subsistemas de educación a fin de que los derechos humanos no sean vistos o estudiados solamente como ejes transversales sino como un tipo de educación dirigida a la construcción de una cultura de paz en nuestro país. La educación para una cultura de paz debe englobar varios tipos de educación entre éstos la educación en derechos humanos es un eje fundamental.

Para mí que la educación en derechos humanos consta de tres componentes básicos con vista al valor central de la paz, estos son: el desarrollo histórico normativo de los derechos humanos, el fundamento ético- político de los derechos humanos para enseñarlos como valores y principios de una ética nueva y el análisis de los textos jurídicos internacionales sobre derechos humanos y en relación con la Constitución Política vigente y sus reformas.

Seguido y para ser efectiva esta educación en derechos humanos se debe recurrir a metodologías actualizadas lo más lejos posible de las cátedras y lecciones expositivas. Esto quiere decir enseñar derechos humanos con métodos que se basan en la comunicación y en la interacción grupal dinámica. La educación en derechos humanos es ética parcipativa, lúdica y creadora. La educación en derechos humanos hace acopio de la mejor experiencia de la comunicación humana que es el diálogo. La educación dialogal es libertaria.

Inseparable de estos métodos activos es el testimonio de los maestros que son los actores principales de la educación que en cada día del ciclo escolar tienen el futuro de cientos de miles de estudiantes en sus aulas. Los maestros son sujetos y agentes de los derechos humanos, por su dignidad y por su profesión ellos mismos deben vigilar y contribuir a la protección de los derechos humanos de su gremio y de sus educandos.

* Profesor.