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La cada vez mayor posibilidad de salida por cualquier medio del actual presidente sirio Bashar Al Asad, está generando diversos análisis y opiniones sobre cómo sería la Siria post Al Asad, ante un ambiente tenso y una telaraña de pensamientos religiosos, políticos y culturales, ante los cambios al frágil equilibrio de poder y el status quo de esa explosiva zona del mundo y ante los intereses foráneos sobre la región.

Las tensiones entre los sirios han llegado a límites más allá de la razón y el mal proceder del gobierno dañará profundamente las relaciones entre las etnias que componen esa nación. El problema, al igual que en Irak, es que la clase gobernante representa una minoría de la población, que al caer del omnímodo poder sufrirá las consecuencias.

Irán y Turquía están a la espera para poder pasar a ser la potencia regional con mayor poderío e influencia. No hay que olvidar que ambas naciones tienen diferentes tipos de relación con Occidente, siendo Turquía un aliado y que obviamente sería apoyado en una lucha política contra Irán por la obtención del status de potencia regional. En cambio el camino es más complicado para Irán, que con la caída de Al Assad perdería a un aliado en la zona, obtendría una vulnerabilidad nada satisfactoria para su Gobierno y un soporte de posibles ataques futuros. Esta primera lucha entre ambos países será decisiva para el rumbo que tome el equilibrio de poder regional y para la influencia relativa de Occidente.

Solamente en caso que los sunitas llegarán al poder en Siria, los iraníes podrían estar tranquilos y confiados en ser catalogados como la potencia regional y con eso obtener una mejor posición para negociar su controvertido programa nuclear. En este caso, uno de los grandes perdedores sería Israel, que vería disminuida su seguridad y obviamente buscaría algún medio para no permitir un mayor predominio iraní en la zona.

Desde Occidente se espera que el cambio de régimen ofrezca nuevas oportunidades para reconfigurar la zona de forma tal que los integrismos/fundamentalismos árabes y musulmanes no aprovechen el vacío de poder en Siria para obtener cuotas peligrosas de influencia, así como para seguir en una “espiral” de la Primavera Árabe con el fin de cambiar la zona geoestratégica y militarmente, con las consecuencias obvias de avanzar en las fronteras geopolíticas de cara al posible enfrentamiento sistémico por la lucha de la hegemonía mundial.

En cambio China y Rusia, aunque con distintas visiones para complementar sus intereses, esperan que el escenario posterior no sea desfavorable a sus inversiones comerciales y militares. China, mira esa zona con especial interés de cara a su lucha pacífica –hasta el momento- por convertirse en el Hegemón mundial.

En cambio para Rusia, un revés a su apoyo al régimen de Al Assad representaría otro golpe duro a su política exterior –a como fue ya el caso de Libia- y reduciría sus oportunidades por volverse a convertir en un actor del primer tablero de la política internacional.

Lo que sucede en Siria es algo que afectará de forma directa los caminos hacia la configuración de un nuevo orden mundial. El frágil equilibrio de poder existente en esa zona hace que las posibilidades de una gran guerra deje de ser una hipotética posibilidad. A la vez, que permitiría ver con más claridad las posibilidades del descenso estadounidense y el posible ascenso chino, o el surgimiento del poderío estadounidense y las pocas posibilidades reales de que China sea un serio candidato a obtener el poderío necesario para ser considerado como la próxima potencia hegemónica mundial.

* MSc. en relaciones internacionales.