Jorge Eduardo Arellano
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No todas las sociedades en la tierra agreden y destruyen a la naturaleza de la misma manera y en la misma proporción. Es más, existen sociedades que desde épocas ancestrales han convivido armónicamente con la madre naturaleza.

Para las grandes civilizaciones precolombinas como los mayas, incas y aztecas, la tierra era algo sagrado, considerada como la Madre, a la que no se podía vender ni enajenar, ya que su forma de explotación era comunal, además que compartían una cultura, un lenguaje y un territorio (cosmovisión).

Nunca antes en la historia del planeta tierra se ha agredido y destruido la naturaleza como lo ha hecho el ser humano en los últimos tiempos, bajo la égida del “progreso”, el “desarrollo”, e “industrialización”, en un sistema que ha desembocado en frenética carrera consumista y en desquiciado afán de poderío económico, aunque su precio único sea la destrucción de la vida sobre la tierra.

Las ciudades han crecido desmesuradamente. La urbanización se ha convertido en uno de los factores más importantes de contaminación y degradación de la condición humana.

Por otro lado, millones de personas se hacinan en espacios cada vez más reducidos, el aire se contamina y envenena a los seres vivos que la habitan; los seres se aíslan, “en medio de la multitud”; se alimentan pésimamente. Se reemplazan los alimentos producidos directamente en el campo por productos elaborados industrialmente.

En este sentido, se rompen las costumbres alimentarias y culturales, por productos que en la mayoría de los casos tienen preservantes e ingredientes nocivos para la salud. Se reemplaza la tortilla por la hamburguesa, la calidad por la cantidad y la individualidad por la masificación.

Sin embargo, en medio de este panorama desolador, entre los conservacionistas, ambientalistas, ecologistas y amantes de la madre naturaleza, se ha despertado un auge inusitado en los temas relacionados con la conservación y uso racional de los recursos naturales, la relación entre el ser humano y su entorno, así como la búsqueda de un modelo de desarrollo sostenible.

Semanas atrás, el organismo Progressio, de Inglaterra, que apoya técnica y financieramente el Proyecto Fortalecimiento Institucional para el Desarrollo Local de la Asociación de Municipios de Nueva Segovia, Amunse, tuvo la brillante iniciativa de realizar un intercambio de experiencias entre los líderes/as que trabajan en el rescate, manejo y cogestión de cuencas hidrográficas, de Nueva Segovia, con la Mancomunidad de Municipios de Copán Ruinas (Mancorsaric), ubicada en la hermana República de Honduras, cuna de los mayas.

Los campesinos segovianos, además de disfrutar de los vestigios arqueológicos que nos legaron los mayas de Copán y que constituye un atractivo turístico a nivel mundial, recorrieron la subcuenca del río Copán, en donde la Mancorsaric, que la integran cinco municipios, impulsa un Plan de Manejo y Cogestión de Microcuencas.

La mancomunidad está empeñada en fortalecer la coordinación, concertación, cooperación y el diálogo tripartito entre los gobiernos municipales y nacionales, la sociedad civil y la cooperación internacional sobre el tema de producción, ambiente y gestión de cuencas en el territorio.

Al igual que aquí, en el país catracho, la Ley de Municipios faculta “elaborar y ejecutar planes de desarrollo, proteger el medio ambiente y promover la reforestación”. La mancomunidad logró identificar dos grandes líneas estratégicas: el aprovechamiento de las potencialidades productivas de manera sostenible y la armonía con el ambiente.

La subcuenca del río Copán tiene una importancia estratégica para la Mancomunidad, y su buen manejo contribuirá a la sostenibilidad ecológica de la región; además tiene gran potencial para el turismo y la producción agropecuaria.

Este territorio posee riquezas ambientales y arqueológicas; sin embargo, el equilibrio ambiental es muy frágil. Varias fuentes históricas revelan que la civilización maya se vio obligada a abandonar estas tierras por un fuerte desequilibrio ambiental.

En octubre de 1998, el paso devastador del huracán Mitch causó daños al ambiente y a las poblaciones. Esta situación de vulnerabilidad ecológica obligó a los gobiernos locales a conformar una mancomunidad de municipios, con el fin de hacer frente al creciente deterioro de los recursos naturales, y por otro lado, a la búsqueda de opciones sostenibles de desarrollo.

Pero el ejemplo más notorio está en la organización de Juntas de Agua y Comités Ambientales en la Comunidad. Durante una visita a la comunidad de Sesemil Segundo, el productor Candelario Hernández relató que las Juntas de Agua y los Comités Ambientales aprovechan un fondo ambiental para las actividades que se priorizan en el Plan de Cogestión de la Microcuenca.

Las casi 250 familias que viven en esa comunidad realizaron la delimitación y recuperación de las cabeceras donde están ubicadas las principales tomas de agua de la microcuenca, que abastecen a cinco comunidades.

Con estos insumos, el Comité de Agua, conformado por cinco comunidades, firmó un convenio con los productores de ganado y propietarios de estas áreas, en donde se comprometieron a apoyarles en el mejoramiento de sus fincas con pastos de corte y sus establos, siempre y cuando ellos dejen de meter ganado en las áreas de cabecera de la cuenca.

Igual, las microcuencas que tienen bosque alrededor y arriba de la toma de agua, y que aportan agua en cantidad y calidad, están siendo adquiridas entre la mancomunidad y las Juntas de Agua, para garantizar la sostenibilidad del vital líquido a las actuales y futuras generaciones.

Durante las deliberaciones que se dieron en el intercambio, el líder del Comité de la Microcuenca Cantagallo, de Wiwilí, Nueva Segovia, Natividad Zamora, lamentó que en Nicaragua las leyes son como papel mojado, puesto que los “grandes”, que talan los bosques, trafican con la madera y contaminan las microcuencas, son inmunes ante la justicia. “Nosotros, cuando denunciamos estas anomalías, somos calificados como mentirosos y delincuentes por las autoridades encargadas de velar por la protección del medio ambiente”, denunció el líder campesino.

En ocasión del Día del Ambiente, se impulsan campañas de reforestación donde participan alcaldías, instituciones, estudiantes, pobladores, y organismos ecologistas y ambientalistas, entre otros.

Sin restar importancia a estas actividades, el Ing. Alex David Zapata, cooperante de Progressio, con experiencia en planificación y manejo de cuencas hidrográficas, que actualmente apoya a la Unidad de Gestión Ambiental de Amunse, expresó que el problema ambiental no sólo se resuelve con planes de reforestación, pues las estrategias deben ir mas allá, es decir, enfocar los esfuerzos hacia mejorar las necesidades básicas insatisfechas de miles de compatriotas asentados en las cuencas y que han sido excluidos de las políticas estatales.

Más que un concepto, el manejo de cuenca ha venido evolucionando a medida que se experimentan cambios en los aspectos ambientales, culturales, institucionales, económicos, sociales y políticos. Este territorio con límites naturales es concebido como un sistema de relaciones económicas y sociales, cuya base territorial es un sistema de aguas que convergen hacia una quebrada, río, lago y eventualmente al mar.

A pesar de la importancia de las cuencas hidrográficas en la vida de las poblaciones como prestadoras de bienes y servicios ambientales, poco se ha hecho en cuanto a la implementación de estrategias encaminadas a la cogestión y manejo integral. “Es en las partes altas de las cuencas donde se originan una serie de fenómenos naturales: derrumbes, deslizamientos y torrentes que vienen a afectar tanto a las poblaciones locales como a las grandes ciudades”, señaló el Ing. Zapata.

Admitió que los pueblos y ciudades desconocen todo el proceso que tiene que pasar el líquido vital para que llegue al grifo. “Son miles de ciudadanos y ciudadanas excluidos de las políticas estatales que vienen de las cuencas, y que a través de las diversas actividades económicas-productivas que ellos realizan, han ido haciendo cambios de uso del suelo, que por sus condiciones naturales son de vocación forestal o de preservación”, expresó.

Alex Zapata señaló que cuando éstas son transformadas a zonas agrícolas, ganaderas y asentamientos humanos, en las que además de utilizar prácticas tradicionales como la quema, también usan agroquímicos, éstos, tarde o temprano, vienen a desembocar a fuentes o corrientes de agua, afectando la cantidad y calidad del líquido que consumen los locales y poblaciones que viven aguas abajo.

Finalmente sostuvo que cualquier esfuerzo de gestión de riesgo que se haga, sin tomar la cuenca como unidad de planificación y manejo, será infructuoso.