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Estimada Virgen María: Mis cordiales saludos. Me he tomado la libertad de escribirle a propósito de la celebración este próximo 8 de diciembre, de su engendramiento hace milenios por sus progenitores Ana y Joaquín, que la dotaron de un gran sistema inmunológico que impidió que se le pegaran bacterias, virus o manchas, como al resto de nosotros y le permitió nacer sana, bonita, buena e impecable.

Le hablo de usted, porque yo no soy tan confianzuda como el resto de los nicas que la tratan de “vos virgencitá” y la molestan a todas horas pidiéndole para cuanta cosa se les ocurra. Le escribo por este periódico porque no tengo su dirección, aunque algunos me han dicho que le escriba a El Carmen –una casa particular que funge como presidencia de la República (no la Iglesia del mismo nombre que queda por los alrededores)- porque ahí está –según dicen también- su representante personal y manager. Además, porque como he podido constatar usted no tiene email, no está en Facebook ni mucho menos en Twitter, como el Santo Padre, que ese sí, todo mundo sabe que vive en Roma.

La razón de estas líneas es que tengo un montón de amigas devotas suyas y de algunas otras vírgenes-colegas como la Virgen del Trono o la Guadalupe de México, que según me explican son todas una y la misma, que andan muy molestas con usted (o ellas, no sé) pero por autocensura o temor a la censura eclesial u oficial, no se lo dicen. Le ruego no vaya a fulminar a esta humilde mensajera por transmitirle sus quejas. Dicen que cómo es posible que usted, la Virgen María, no haya otorgado el socorro mil veces pedido por tanto piadoso nica para ser librados del fiero dragón que asola estas tierras desde hace dos administraciones. Que por el contrario, ha permitido que usurpe su culto y monopolice la festividad que espontánea y desinteresadamente organizaban las beatas del barrio y los vecinos, de manera pluralista y democrática, pues a todo mundo le daban la misma caña, el mismo limón y los mismos gofios elaborados expresamente para la ocasión a cambio de que le cantaran a grito partido “puej-concebida-juistes-sin-mancha-ave-María-llena-de-graaaaciaa… llenaaa-deee-graaacia,-de-graaaaaciaaááá!”. Que hoy se ve el acabose de que la gobierna reparte sólo a sus simpatizantes aquel AFA (arroz, frijoles y aceite) que racionaban en tiempos de la guerra, a pesar de que estamos en paz y lo hacen en medio de una molotera impresionante donde nadie canta!

Y lo peor, dicen, estimada señora, es que usted, persona inmaculada, arquetipo del amor, la santidad y la castidad, madre del unigénito, esté tolerando que una figura corrupta en todo sentido se quiera adornar con sus gracias y nos recite unas disparatadas letanías a la hora del Angelus, repetidas en todas las emisoras de televisión y radio en manos de su prole (que es grande) con el nefasto propósito de atragantarle su escaso almuerzo al respetable público. Las amigas se preguntan agobiadas “¿Qué hemos hecho para recibir semejante castigo?”

Tampoco les gusta, le aclaro, que la aludida primera consorte del redentor de este país, por estas fechas comience a ataviarse con mantos parecidos a los que usted usa y particularmente como la pintó Murillo (1678), como virgen triunfante vestida de sol y con la luna a sus pies, pues temen también que el autor de la venerada imagen sea reclamado como ancestro de la susodicha y se vaya en el mismo saco genealógico donde se fue el tío Augusto (Sandino) y el tío Rubén (Darío). Todos los días le quita a usted la vestidura y proclama por todos los medios que “estamos cubiertos con el manto de la Virgen Santísima”, por lo que se supone que sólo los cubre a ella y su marido que están “bendecidos, prosperados y en victoria”, mientras los demás están descobijados.

“No, no, no. Esto no puede ser” me dicen sus devotas (las de usted) porque encima tienen la sospecha que con el pretexto de asistir a la toma de posesión de Enrique Peña Nieto en México, quiere reclutar para sus fines a su colega, la Virgen de Guadalupe, que va a estar de celebración la próxima semana. Así anunció a la hora del Angelus, la primera consorte: “Tuvimos el Honor, el Privilegio de ser recibidos por Monseñor Enrique Glennie Graue, Vicario General y Episcopal de Guadalupe, Rector de la Basílica de la Madre de América. Estuvimos al Pie de la Virgen de Guadalupe, Madre de América... la Morenita del Tepeyac, agradeciendo toda la Protección, todas las Bendiciones, todas las Victorias que hemos ido alcanzando en esta nuestra Nicaragua, Bendita y Siempre Libre.”

Después de lo que ha pasado con usted, no me va negar que el temor está justificado, más aún con estos anuncios del “fin del mundo” ahora a fines de diciembre y después que el Papa declaró que no es cierto que su hijo nació en un pesebre, ni que había mula ni buey, que la estrella de Belén era una supernova y que los reyes magos no eran persas, árabes o beduinos, sino andaluces, usted comprenderá que eso de la fe anda como muy tembeleque y ya nadie sabe si poner o no los Nacimientos o celebrar La Gritería. Peor aún si a usted y a las 11 mil vírgenes las capturan para convertirlas en CPC celestial. ¡Mire como el gobierno reclutó a los empresarios y a los sindicatos para crucificarnos como a su hijo con unos tributos que ni Herodes!

Por último, tanta invocación a usted y tanta piadosa retórica, no ha sido obstáculo para que la gobierna se robara las elecciones del año pasado y las de éste, garrotearan a la gente y torturaran mujeres allá en Nueva Guinea por reclamar contra el fraude. Así que estimada Virgen, para consolar a sus creyentes le ruego que tome nota de lo expuesto y platique con la Lupita para que no se deje sorprender y avísele a su hijo que lo estamos esperando para que saque a latigazo limpio a tanto mercachifle del templo.

 

* Periodista y escritora.