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El 4 de Diciembre se ha desarrollado en Managua el II Simposio de Interculturalidad promovido por las Universidades de la Costa Atlántica, URACCAN y BICU y el impulso del Consejo Nacional de Universidades, CNU.

La educación en Nicaragua representa el mejor punto de encuentro de toda la sociedad. En ella confluyen visiones y culturas diversas, contextos muy variados y políticas e intenciones educativas sistemáticas. Los contextos multiétnicos, plurilingüísticos y multiculturales son determinantes. Somos un país convocado a la unidad en su diversidad.

Esta intencionalidad no es fácil de entender para todas las regiones del país. El etnocentrismo que aún nos caracteriza, hace que las regiones y comunidades del país, valoren a los demás en función de sus propios intereses, sin llegar a comprender esta diversidad y riqueza que debiera movilizar voluntades, para lograr un diálogo fecundo con otras regiones y zonas diferentes.

La interculturalidad representa un desafío para Latinoamérica y particularmente para Nicaragua, lo que demanda a la educación, un proceso complejo de aprendizaje. Que las regiones del país logren un diálogo fructífero entre culturas, no sólo respetando las demás culturas, sino aprendiendo de ellas y comprendiéndolas, no ha sido ni es un terreno ajeno al conflicto. Y en ello, si bien la Constitución y la Legislación son un apoyo sustantivo, aún falta mucho terreno para acortar la brecha que separa al Pacífico del Atlántico y otras culturas originarias. La articulación dialógica entre todas las culturas es un imperativo ético más que técnico. La historia nos muestra cómo, por desgracia, las culturas dominantes actúan dominando y absorbiendo a las culturas minoritarias.

La interculturalidad va más allá del respeto, la tolerancia y la coexistencia entre culturas. Demanda realizar esfuerzos responsables y concienzudos para disminuir y superar las enormes diferencias e inequidades que nos separan. Ello demanda del terreno educativo, institucional y social, entablar diálogos enriquecedores horizontales entre las comunidades con culturas diferentes.

Para lograr lo anterior, los mediadores son: el conocimiento mutuo, la comprensión, el respeto, el intercambio y la ayuda solidaria. Por esta razón el término “interculturalidad” es una herramienta poderosa para construir socialmente relaciones de justicia y equidad.

Siendo Nicaragua un país multicultural y multiétnico, la agenda intercultural no debe de quedar reducida a la Costa Caribe de Nicaragua. Atañe a todo el país. Requiere instalarse en todos los ámbitos, principalmente del sistema educativo, ambiental, político y social.

Cada día más emergen los pueblos indígenas originarios, afrodescendientes y mestizos, excluidos en espacios de creación y decisión de políticas públicas para el buen vivir. Al ganar hoy ellos terreno, lo gana también el país. Este se constituirá realmente como Nación, en tanto todos sus sectores y culturas logren entablar un diálogo creativo, respetuoso, mutuamente enriquecedor para todas las comunidades.

Ya la UNESCO, en su declaración de Naciones Unidas, anota que la Cultura es un conjunto de rasgos distintivos, modos de vida, valores y creencias que merecen ser respetadas y promovidas. A su vez, establece que la diversidad cultural abre un caudal inmenso de originalidad y pluralidad de identidades, siendo fuente de intercambios, innovación y creatividad, siendo tan importante como la diversidad biológica. La diversidad representa, en este siglo del conocimiento, el principal haber patrimonial de toda la humanidad.

La interculturalidad es indispensable para una interacción armoniosa entre las comunidades y culturas del país, por lo que demanda de todos capacidad para convivir entre grupos plurales y dinámicos. Es, en definitiva, garantía de cohesión social, vitalidad y paz.

Siendo la interculturalidad tan relevante para el país, su pluralismo cultural será la respuesta a tal diversidad cultural, a la vez que un requisito para conformar un contexto auténticamente democrático en el país. De esta forma, este pluralismo cultural se ha de convertir en el motor de intercambios culturales sostenidos.

Este diálogo fructífero entre las diversas culturas del país, enfrenta obstáculos y paradigmas profundamente arraigados. Ello se expresa, en tanto persisten, profundamente arraigadas, visiones de autosuficiencia cultural respecto a otras culturas, con ademanes de imposición de unas sobre otras. Tal actitud refleja total incomunicación y desconocimiento, llevando a la negación y el desprecio implícito de aquellas culturas que han quedado postradas durante siglos.

El sistema educativo del país, con sus cinco subsistemas, tiene a la vista una agenda no sólo pendiente sino por definirse. La transversalidad que demanda la interculturalidad, exige transformaciones curriculares de fondo y no de forma, sentando bases firmes a un diálogo entre culturas, que nos ayude como país a constituirnos en una Nación firme y unida en su diversidad.

Cada día más emergen los pueblos indígenas originarios, afrodescendientes y mestizos, excluidos en espacios de creación y decisión de políticas públicas para el buen vivir. Al ganar hoy ellos terreno, lo gana también el país. Este se constituirá realmente como Nación, en tanto todos sus sectores y culturas logren entablar un diálogo creativo, respetuoso, mutuamente enriquecedor para todas las comunidades.

* Ph. D. IDEUCA.