• Managua, Nicaragua |
  • |
  • |
  • elnuevodiario.com.ni

A sesenta y cuatro años de la proclamación de la Declaración Universal de Derechos Humanos hay avances notables en esta materia así como de los pactos y convenciones que los soportan. Aunque se continúan violando los derechos humanos de forma flagrante y brutal en varias latitudes del planeta, la conciencia universal de estos derechos hace que vivamos con estas garantías legales una nueva época y la humanidad los tenga como un horizonte principios y valores universales.

De modo que en la instauración progresiva de los derechos humanos y los sistemas que los protegen hay unos derechos especiales que los seres humanos tienen por ser personas o grupos vulnerables o en razón de su cultura y su cosmovisión tales como los pueblos indígenas, la minorías étnicas, de su condición humana o física, mental, como las mujeres, los niños y niñas, los discapacitados, migrantes y refugiados.

Con base en estos derechos especiales ya declarados y pactados por los estados miembros de la ONU, los pueblos indígenas pueden enarbolar el derecho a la autodeterminación no solo a una simple autonomía o a un frágil marco legal. El derecho humano fundamental a la educación y en su propia lengua se conceptúa como una conquista y una reivindicación de un derecho básico de estos pueblos tan sufridos y marginados en la historia.

La conjugación del derecho a su propia cultura y a la educación de estos pueblos, exige que exista y funcione a cabalidad y con el apoyo irrestricto del Estado y del Gobierno una educación intercultural. La razón fundamental para que se desarrolle una educación intercultural es la existencia misma de culturas diversas como es nuestro caso. Una de las claras directrices de la Unesco en materia de educación intercultural es que este tipo de educación particular “respeta la identidad cultural del educando impartiendo a todos una educación de calidad que se adecue y adapte a su cultura.”

Necesitamos de ese diálogo respetuoso de culturas que solo puede realizar una educación intercultural plena. Debemos decir lo dicho que toda cultura tiene su valor y su dignidad.

En nuestro país existen miskitos, mayagnas, matagalpas, ramas, subtiavas, antiguos dueños de estas milagrosas tierras que llamamos Nicaragua, que desde muchos siglos experimentan la pobreza, la marginación y la exclusión, han sido objeto de la explotación de enclaves económicos y de sucesivas dominaciones políticas y militares.

Lo justo es que todos estos pueblos sean sujetos de todos los derechos humanos y libertades y de una educación intercultural que nos eleve a la plataforma de una nación que no hemos podido ser por falta de diálogo y comprensión mutua en unos acuerdos mínimos que nos conduzcan al desarrollo, la democracia y la paz.

Aparte hay todo un catálogo de pactos, convenciones y tratados internacionales que apoyan nuestro decir que empieza con la Declaración Universal de Derechos Humanos que consagra la igualdad y la no discriminación, para que los derechos humanos se ejerzan sin ningún tipo de distinción o condición económica y social. Estos textos normativos han desarrollado e instituido una lista de derechos que debemos respetar y garantizar con todo el poder que ellos mismos generan con el respaldo del Estado.

Dos importantes documentos que el Estado de Nicaragua ha suscrito y ha ratificado son: La Declaración de Naciones Unidas sobre los derechos de los pueblos indígenas del año 2007 y el Convenio 169 de la OIT sobre los pueblos indígenas y tribales, aprobado por Nicaragua en mayo de 2010. En ambos instrumentos jurídicos internacionales se consigna el disfrute pleno de estos derechos y a no ser discriminado en el ejercicio de sus propios derechos como individuos y como pueblos.

* Profesor.