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El Artículo 24 de nuestra Constitución, que afirma: “Los derechos de cada persona están limitados por el derecho de los demás, por la seguridad de todos, y por las justas exigencias del bien común”, no contiene nada nuevo; ya en el siglo XVIII, Emmanuel Kant (1724-1804) aconsejaba: “Obra de tal modo que tu libertad se armonice con la de todos y cada uno”. Benito Juárez sentenció: “El respeto al derecho ajeno es la paz”. Cuando los antes citados pasaron por este loco mundo, la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de la Salud, en cuyas recomendaciones se basa la Ley 559, no estaban aún en los planes de Dios, pero en lo tocante al mutuo respeto que entre los ciudadanos debe existir, ha habido siempre filósofos y legisladores preocupados por ordenar la manera de conducirse del ser humano, ya que el hombre no es “infinitamente más sociable que las abejas y que los demás animales que viven en grey”, como asegura Aristóteles, sino como lo conceptúa Tomás Hobbes (1588-1679): “Los hombres son por su naturaleza enemigos entre sí, y la situación original de la especie humana es de una guerra contra todos”.

Montesquieu reconoce tres clases de derechos: el de gentes, el político y el civil, siendo este último el que regula las relaciones entre los ciudadanos. Sir Paul Vinogradoff en su obra “Introducción al derecho”, prescribe: “Toda sociedad humana está obligada a establecer normas de conducta con el objeto de que los individuos que la componen no se dediquen a seguir cada uno su camino. Las voluntades cuando son libres de ejercitarse, persiguen sus diversos intereses. El problema consiste en permitir el ejercicio de cada voluntad personal en la medida que sea compatible con el ejercicio de las voluntades de los demás”.

Pero una cosa es la promulgación de las leyes y otra el permanente cuido por su estricto cumplimiento, ya que se hacen para ser obedecidas y aplicadas, porque leyes que nadie acata, cesan de ser leyes.

La Ley 559 dice en su Art. 59: “Previo a su entrada en vigencia, el Poder Ejecutivo garantizará un amplia difusión y divulgación de esta Ley a través de los medios escritos, radiales y televisivos, a nivel de todas las regiones autónomas, departamentales y municipales del país”. Nada de eso se cumplió y la tal Ley duerme en el oscuro rincón de la ignorancia policial y el desconocimiento ciudadano. Art. 60: “La presente Ley entrará en vigencia 180 días después de su publicación en La Gaceta. Dada en Managua a los veintiséis días del mes de octubre de del año dos mil cinco”. Siete años han pasado y nadie se ha interesado por hacer cumplir con rigor una ley que al parecer quedó no nata. Bares y cantinas le sacan la lengua, y los anunciantes ambulantes de noche o de día, recorren las calles haciendo temblar nuestras humanidades y paredes con estremecimientos telúricos.

Primera Comisionada, en la Ley 559 tiene usted en sus manos una mina económica y un látigo jurídico que tiene que comenzar a funcionar. Que el Art. 7 de la Ley 228 no quede solamente pintado en el papel. Léala, repásela, que igual cosa hagan sus subordinados. Aflige llegar a un supermercado supuestamente administrado por personas de cierto nivel educativo, aunque no cultural, que tienen en sus vitrales un sinnúmero de imágenes de santos, que dan más la impresión de estar entrando a una iglesia que a un centro comercial, y encontrarse que a la entrada están instalados parlantes de gran tamaño que a todo volumen nos hieren los oídos. Los señores dueños podrán tener mucho dinero, pero ni pizca de buena educación ni de respeto para quienes llegan a engordarles la bolsa.

No estamos solos, hay constantemente entre nosotros extranjeros que nos visitan. Manos a la obra, señora Granera, ordene a sus subordinados salir a recorrer sus respectivas jurisdicciones, supervisar a los encargados de zonas, y demostrar que no somos un país de cafres o trogloditas, aunque creo entre ellos existía mayor respeto mutuo que entre nosotros. El animal de dos pies no puede vivir en paz si no se le somete a imperio de las leyes. Dijo Plutarco: “La ley es la reina de todos: mortales e in mortales”.

* Escritor autodidacta.

Tel. 2268-9093