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“Los Guaraguao” llevan más de cuarenta años estimulando musicalmente la acción y la imaginación de varias generaciones con aquello de que “no basta rezar para conquistar la paz”. Todo ese tiempo ellos han estado convencidos, y tratando de convencer de su verdad, porque sin paz no hay libertades ni justicia ni pan. Claro, siempre que no se trate de la paz sepulcral, tan frecuentemente recetada en el mundo cristiano y musulmán.

Pero un estimado periodista creyó descubrir en un artículo la equivocación de los músicos venezolanos (END 5/12/12), y seguirán equivocados mientras no lean su artículo, el cual, por desgracia, salió cuando habían retornado a su Venecia chavista y bolivariana. El amigo periodista revela una fórmula opuesta al idealismo “guaraguaoriano”, pues afirma que hace falta rezar para poder salir de la pobreza. O sea, que ese mal enraizado en cuerpos y almas de millones de seres, se acabaría tan solo llenando el trámite fácil de pedir… “ayuda a las divinidades cristianas”.

“¿Cuánto avanzaríamos si fuéramos capaces de convertir ese caudal inmenso de generosidad en un método e instrumento de desarrollo?”, se pregunta nuestro amigo. Olvidó el tiempo que han perdido los rezadores despuesito de 1492, cuando los conquistadores comenzaron a distribuir estatuillas de vírgenes y santos selectivamente, por lugares donde inocentes nativos trabajaban la tierra –ya entonces ajena y menos ancha para ellos— para que se les hiciera el milagro de las “apariciones” fríamente calculadas.

Después de cuando nuestro amigo escribió su artículo, debió de haberse distraído un poco, por lo cual cayó en una contradicción, y escribió: “Los antiguos mayas y los incas, y como ellos todos los pueblos aborígenes de América solamente conocieron la pobreza después de la invasión europea desatada por los viajes de Cristóbal Colón, porque antes cultivaban eficientemente la tierra…” Entonces, estimado amigo, ¿por qué si cuando nunca habían rezado a desconocidas “divinidades cristianas –sino a sus dioses y a su modo— no padecieron de hambre, pero la comenzaron a padecer hasta después de que, “aparecidas” las estatuillas, comenzaron a orar a sus pies?

Además, ¿por qué ahora –estimado amigo— después de un montón de años rezando, y cuando la humanidad ha creado tecnología para producir más y de todo, hay tanta hambre por todas partes? El amigo debió de buscar la respuesta para sí mismo sobre esta contradicción –antes de ponerse a recetar oraciones—, pues todo el mundo, más o menos, sabe por qué nace y crece el hambre, a pesar de la tecnología y de los rezos.

Con una pequeña reflexión, se hubiera evitado ofrecer el consejo. Y mejor aún: no hubiese agregado otra contradicción, como esa de que “los cuáqueros calvinistas del Mayflowers” lograron la expansión de su bienestar por sus “maneras de honrar a Dios”, pero aplastando a los norteamericanos originales y robándole a los mexicanos al menos la mitad de su territorio. ¿Sería porque los dioses de estas razas “inferiores” eran igualmente inferiores ante el Dios de los chelitos ingleses? ¿O sería porque los aborígenes norteños y los mexicanos –sobre todo estos— se alimentaban con el maíz de los subdesarrollados… ¡y los místicos calvinistas lo hacían con “Avena Quaker”!?

Parece que, después de ofrecer su receta, el estimado amigo se sintió eufórico y exigió: “Bueno… ¿Qué esperamos? Empecemos a pedir inspiración a nuestras divinidades decembrinas y de todo el año, para trabajar más logrando mayores y mejores beneficios.” Tardía excitativa, pues han sido ya casi 420 diciembres de pedir y enflorar imágenes, sin lograr que broten los milagros. La mayoría del pueblo es la que ha trabajado; también le ha tocado pedir el milagro de comer diario… ¡y todavía se le pide rezar más para ver si lo consigue!

Eso no es humano ni justo, mi amigo. Recuerde que en las rotondas hubo rezadores, terminaron con la misma hambre y pidiendo su recompensa en las aceras del parque El Carmen.

¿Para qué recomienda trabajar, siendo más expeditas las oraciones para el alivio del hambre? Aquí hay quienes tienen bienestar y riqueza sin haber trabajado nunca. Aunque es verdad que rezan, pero rezan públicamente para que los escuchen y los vean. Y no rezan de corazón como yo creo que sí lo hace nuestro amigo.

 

* Escritor y periodista.

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