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Un aspecto fundamental para el buen vivir es la defensa del patrimonio cultural por cuanto ayuda a preservar la cohesión social y promueve la convivencia pacífica entre las comunidades, como parte de una herencia patrimonial que ayuda a dinamizar la economía y el desarrollo sustentable de un país.

Este nuevo enfoque sobre el patrimonio constituye un conjunto de herramientas concretas paras diseñar políticas públicas para hacer frente a la globalización neoliberal, que pretende la homogenización cultural, siembra la incomprensión de las diferencias y diversidades.

Las pertenencias que nos identifican y distinguen como nación, sufren esa constante amenaza, especialmente los patrimonios inmateriales o intangibles: tradiciones y expresiones orales, rituales y actos festivos, conocimientos y usos de la naturaleza, técnicas artesanales, entre otros.

Los fenómenos sociales como las migraciones masivas y la urbanización descontrolada, han distanciado a los herederos de los saberes ancestrales de sus custodios. Por tanto se hace necesario que además de los especialistas, los ciudadanos y ciudadanas, especialmente la juventud, conozca y se apropien del patrimonio cultural del país.

La Unesco empezó a exigir que se tuviera en cuenta el Patrimonio Cultural Intangible como elemento esencial que reconozca a las comunidades y grupos como actores principales del patrimonio. En el 2005 aprobó los principios y directrices para la creación y funcionamiento de institutos y centros, con el objetivo de contribuir en forma sustancial a la ejecución de las actividades del programa de organización.

En el 2006 se crea el Centro Regional para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial de América Latina, Crespial, con sede en el Cusco, Perú, cuyo objetivo es contribuir a la ejecución del Programa de Patrimonio Inmaterial.

Las formas materiales o “vivientes” del patrimonio cultural abarcan tradiciones o expresiones vivas de nuestros antepasados y transmitidas a nuestros descendientes, estableciendo un vínculo entre el pasado y el futuro a través del presente. Además el intercambio internacional de conocimientos sobre patrimonio cultural, de las diferentes comunidades, favorece el diálogo intercultural y respeto mutuo.

El Patrimonio Cultural Inmaterial reviste una importancia social y económica, por cuanto ayuda a forjar y mantener la cohesión, el diálogo y puede proporcionar ingresos, contribuyendo así a allanar el camino al desarrollo sostenible.

Uno de los principales vehículos del Patrimonio Cultural Inmaterial constituye la lengua, que se convierte en el eje transversal para la supervivencia de las manifestaciones culturales a través de las tradiciones y expresiones orales con una gran diversidad de formas como proverbios, adivinanzas, cuentos, canciones infantiles, leyendas, mitos, cantos y poemas épicos, expresiones dramáticas, etc.

El idioma es fundamental para que las jóvenes generaciones conozcan su pasado y la tradición oral se convierte en un medio para el fortalecimiento de la identidad.

 

* Periodista.

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