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Nicaragua es un país con valiosos recursos naturales y humanos, personalizados estos últimos en una población mayoritariamente joven. Estos dos factores, significan un potencial enorme como país, que potenciados de la manera adecuada nos podrían hacer crecer y progresar al ritmo que la sociedad lo necesita; no obstante, las profundas brechas sociales y económicas todavía insolventes, sumadas a un sistema educativo débil y deficiente abonan un ciclo de pobreza e ignorancia frustrante e improductivo.

La sociedad nicaragüense tiene que apostar a ser abierta y competitiva, que capitalice recursos humanos, naturales y culturales; para lograrlo es importante una inversión suficiente, constante y creciente en el sistema educativo. Formar una niñez y juventud con conciencia crítica y propositiva; con capacidades técnicas útiles y prácticas; actitudes personales acopladas con la responsabilidad personal y social, en el reconocimiento y respeto de los derechos humanos y libertades individuales; generando ideas creativas y emprendedoras; que no se queden en el simplismo de reproducir teorías o ideas de otros, sino que desarrollen actitudes y capacidades para creer nuevos conocimientos.

Tristemente nuestro país es ubicado como el segundo más pobre a nivel latinoamericano; ni lo merecemos ni es una condena perpetua; depende de la voluntad política y la capacidad gerencial de un nuevo liderazgo político y social que ponga la primera piedra del camino al progreso y el cambio social; esa piedra angular es una educación de calidad, que rompa el sometimiento a la mediocridad, el cortoplacismo, la manipulación política y a la indolencia social.

Los escasos y endebles estándares de calidad en la educación pública y privada, la mercantilización de la educación y la pobre remuneración económica al magisterio, son claras amenazas para este propósito.

En mi corta experiencia docente me he comprometido con ese cambio de visión de la educación y estoy apostando con mis alumnos por ese camino. No basta reconocer la importancia de una reforma educativa; es necesario actuar desde las aulas, consejos directivos, Ministerio de Educación y presionar desde la sociedad civil y los hogares para que la educación sea un tema prioritario.

Hoy que he logrado ser alumno y también maestro, estoy convencido que el aula es un extraordinario espacio para desarrollar una instrucción con inspiración moral y compromiso patriótico, que propicie la producción de nuevos conocimientos, en lugar de reproducir el ya existente que nos ata a cosmovisiones foráneas, y que más bien rescate y saque a luz las ideas de los estudiantes; así produciremos profesionales con ideas nuevas y creativas, con conciencia crítica, que en lugar de demandar oportunidades sean capaces de generarlas, tanto para ellos como para los demás.

 

* Msc. Docente universitario

ed_pinellmedina@hotmail.com