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Cada 10 de diciembre se celebra el Día Internacional de los Derechos Humanos. Esta fecha conmemora la adopción, en 1948, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, DUDH, por parte de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Al firmar la DUDH, Estados Unidos y otros gobiernos del mundo reafirmaron que los seres humanos están dotados de ciertos derechos inalienables, y que todos nacen “libres e iguales en dignidad y derechos”. Más que un documento, la DUDH constituye una guía de acción y un recordatorio de los valores universales que compartimos.

Pensar en la DUDH, me hace recordar un aspecto más personal de este gran evento histórico y el papel fundamental que jugó la Primera Dama de los Estados Unidos Eleanor Roosevelt. La Sra. Roosevelt se convirtió en una de las más reconocidas defensoras de los derechos humanos de su época –un legado que perdura, consagrado en el documento que ella contribuyó a crear. La Sra. Roosevelt trabajó incansablemente durante la redacción del documento de la declaración y esperaba la misma dedicación de parte de sus contrapartes de las Naciones Unidas. Motivado por las largas horas de trabajo, un delegado latinoamericano solicitó a la Sra. Roosevelt que recordara que los delegados de las Naciones Unidas también tenían derechos humanos.

A pesar que los principios consagrados en la DUDH son aceptados ampliamente en la actualidad, la lucha por su aprobación fue larga y dura. Como primera presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, la Sra. Roosevelt tuvo que enfrentar un mundo muy diferente al de hoy. Ella vivió en medio de la Segunda Guerra Mundial, la Gran Depresión, los comienzos de la Guerra Fría y la profundización de divisiones filosóficas entre las grandes potencias del mundo. Mediante su modesto pero apasionado liderazgo, ella fue capaz de superar esas diferencias y ayudar a redactar una declaración que aún resuena en la actualidad.

Me siento orgullosa, como estadounidense y como representante de mi país, de continuar el legado de la Sra. Roosevelt y de formar parte de los esfuerzos de Estados Unidos por defender los derechos humanos, la justicia y la libertad alrededor del mundo. La promoción de los derechos humanos es un elemento medular de la política exterior de Estados Unidos, y continuaremos apoyando a los defensores de los derechos humanos, a los activistas y a las organizaciones de la sociedad civil que defienden esos derechos fundamentales.

Los derechos humanos protegen la dignidad inherente de que, independientemente de las diferencias culturales, cada persona merece: tener la libertad de buscar la felicidad y la autorrealización, de hablar públicamente, de reunirse con otros y organizarse libremente, de creer y venerar según estime conveniente, y de participar plenamente en la vida pública de la sociedad, con confianza en el Estado de derecho y con la seguridad que el Gobierno se ha formado por la voluntad del pueblo, expresado a través de elecciones libres y justas.

El Día de los Derechos Humanos simboliza la lucha persistente para hacer de los derechos humanos universales una realidad para todas las personas, independientemente de la raza, género, nacionalidad, orientación sexual, discapacidad, etnia o religión. La celebración de esta fecha, después de 60 años de adopción de la declaración, brinda una oportunidad para recordar a aquéllos que han luchado por estos valores universales y para reflexionar sobre nuestro propio papel en la búsqueda de los derechos humanos fundamentales.

Como dijo la Sra. Eleanor Roosevelt en un discurso sobre el décimo aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos:

“¿Dónde, después de todo, comienzan los derechos humanos? En lugares pequeños, cerca de casa – tan cercanos y tan pequeños que no pueden observarse sobre ningún mapa del mundo. Aún así, son el mundo de cada persona; el vecindario en el que ella vive; la escuela o la universidad a la que asiste; la fábrica, finca u oficina donde trabaja. Esos son los lugares donde un hombre, una mujer y un niño buscan la justicia, la igualdad de oportunidad, la dignidad sin discriminación. A menos que estos derechos tengan significado en estos lugares, perderán significado en cualquier otro contexto. Sin una acción ciudadana coordinada para defenderlos cerca de casa, nuestra búsqueda de progreso en el resto del mundo será en vano”.

 

* Embajadora de Estados Unidos en Nicaragua.

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