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Los diputados siempre han constituido un tema muy interesante, especialmente en Nicaragua. Son los integrantes de la Asamblea Nacional o Parlamento y su principal atribución es legislar, razón por la que muchas veces se les da el calificativo de legisladores.

Diputado es sinónimo de representante y de enviado y es una persona nombrada para representar a otras, pero en Nicaragua los diputados actúan como “enviados”, ya que solamente representan los intereses del partido en el cual militan.

Los diputados deberían legislar, y esto significa dictar, regular, promulgar, sancionar, derogar, etc. Pero en Nicaragua los diputados no están preparados para esta actividad, estos señores son “enviados” para apretar un botón y aprobar en forma de aplanadora todas las leyes que en forma urgente envía el presidente de la República.

Muchas, o casi todas estas leyes ni siquiera son conocidas por el plenario, solamente se someten a votación para su debida aprobación. La mayoría de nuestros “diputados” ni siquiera saben el nombre de la ley que aprueban, les basta con ser disciplinados, obedientes y fieles a su partido.

Por el actuar de nuestros “diputados” la Asamblea Nacional ha dejado de ser uno de los cuatro poderes del Estado nicaragüense y la han convertido en una sucursal o una extensión del Poder Ejecutivo.

Los otros “diputados” que no son obedientes, disciplinados y fieles a su partido se acomodan y bailan donde hay mejor son; han pasado por los colores verde, rojo, anaranjado y últimamente rojo y negro.

La labor de los diputados va siendo sustituida por los directivos o integrantes del Cosep, quienes en contubernio con el Ejecutivo analizan, discuten y envían las leyes a la Asamblea para que los diputados obedientes, disciplinados y fieles a su partido hagan click en un botón y aprueben la ley que se les envía en forma urgente.

Para aprobar leyes de esta forma no hace falta una pandilla de 92 diputados, basta con unos cinco o nueve y ya tendríamos suficiente. De esta forma se estaría ahorrando aproximadamente medido millón de dólares mensuales y enviar este dinero a los hospitales y colegios públicos.

El combustible que se le asigna a este montón de diputados inoperantes debería ser asignado a la Cruz Roja y a los bomberos, que hacen mejor labor en beneficio del pueblo. Los diputados representan una carga enorme para el pueblo nicaragüense, por eso sería saludable reducirlos al mínimo, igual al número de contralores de la CGR o al número de magistrados de la CSJ.

 

* Médico veterinario.

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