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El Foro Económico Mundial acaba de publicar su informe anual sobre la Brecha de Género –una medición cuantitativa de la equidad de género a nivel de país. Los resultados fueron impactantes. Nicaragua es el único país en Latinoamérica que se encuentra entre los 10 mejores, muy por encima de los Estados Unidos (22).

De los 135 países en dicho informe, Nicaragua se encuentra en la posición número 5 en el mundo en cuanto a la igualdad de género en la dimensión de empoderamiento político –una ponderación combinada del porcentaje de mujeres en la asamblea (donde Nicaragua goza del 40%) y cargos ministeriales (en la cual Nicaragua cuenta con más del 50%) Esta clasificación fue en gran parte en función a la legislación aprobada en mayo de 2012, la cual requiere que el 50% de los candidatos de los partidos políticos sean mujeres.

Como país hemos sufrido bastante. Con poca frecuencia tenemos razones para celebrar nuestra excelencia mundial, especialmente cuando se trata de temas de la mujer. Sin embargo, esta es una. Entonces, ¿por qué no hubo celebración? Es más, no hubo mucha atención de los medios locales. Tampoco vi un informe de parte del gobierno. Asimismo, ningún grupo social o entidades de mujeres mencionaron este logro y ciertamente no ha habido atención internacional al respecto.

Como directora del Centro para el Liderazgo de la Mujer de INCAE, tuve la oportunidad de preguntarles a líderes del sector público y privado de Nicaragua, así como también a miembros de la comunicad diplomática. La conclusión fue que a muy pocos parece importarles que las mujeres estén en el poder. Al parecer les importan más las razones por las cuales esta ley fue aprobada.

De acuerdo a una fuente representativa, “la finalidad de esta ley no era el empoderamiento de las mujeres, era simplemente adquirir más poder. Esta ley está destinada para atraer el voto femenino en el futuro.” Otra fuente nos dijo: “esta ley tenía como objetivo principal desestabilizar a la oposición-quienes no tenían suficientes candidatos femeninos en línea”. Es más, otra fuente nos dijo que “estas mujeres están siendo utilizadas como peones; es menos probable que ellas lleguen a cuestionar la autoridad del gobierno”.

Tales opiniones resultan interesantes, potencialmente valiosas y convendría que fueran exploradas a profundidad. Sin embargo, estas no deberían de interponerse a los hechos.

No soy una figura política. Soy una científica. En Harvard, durante mis estudios de Doctorado, me enseñaron a basar mis creencias/opiniones no en las emociones, esperanzas, sueños u orientación política, sino más bien en los datos y hechos concretos. En este caso, los datos son bastante claros.

La equidad de género en la participación política –sin importar cómo esta surgió– es algo positivo. Actualmente, la mitad de la población de Nicaragua son mujeres, ellas reciben el 60% de los títulos universitarios, componen la mitad de la fuerza laboral y estudios demuestran que es más probable que las mujeres vs. los hombres inviertan su dinero en la salud y la educación de sus familias. Dado a ello, no tiene sentido que quienes forman y definen las políticas que afectan a estas mujeres y sus familias sean primordialmente hombres. Las voces de las mujeres deben ser escuchadas, ellas son necesarias para impulsar el progreso.

Como una función de esta ley, esta mañana, en cada pueblo, municipio y región de Nicaragua, una mujer se levanta, da de desayunar a su familia y va al trabajo en una posición de poder político formal.

Las repercusiones de esto van más allá de la política. Latinoamérica es aún una región donde predomina el machismo; el liderazgo siempre ha estado y continúa siendo asociado con los hombres. A consecuencia de ello existe un tremendo desperdicio de recursos humanos, un sinnúmero de mujeres con talento, educación y poder financiero cuyas ideas y aportes han sido despreciados e ignorados.

¿Cuál es la manera más rápida de superar estos prejuicios?, ¿empoderar a las mujeres y traer un cambio positivo económico, social y cultural? Los datos demuestran que no es mediante capacitaciones de género o costosos programas sobre el empoderamiento de las mujeres financiadas por organizaciones internacionales de ayuda, sino es mediante el ejemplo –poner a más mujeres en posiciones de poder y hacer de ellas personas visibles-.

Por primera vez en la historia de Nicaragua, igual cantidad de hombres y mujeres se sientan en la mesa de poder y decisión política. Independientemente de cómo o por qué llegaron allí, los datos demuestran que estas mujeres van a formar y definir el futuro de Nicaragua para mejor. El cambio no viene de un día para otro, este viene en rachas. Esto es progreso.

 

* Profesora INCAE Business School, Directora Centro Para el Liderazgo de la Mujer

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