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Es posible que las últimas radionovelas difundidas en Nicaragua hayan sido “Los Tres Villalobos” o “Kadir El Árabe”, alrededor de 1962; con ello, se cerraba un capítulo en el arte radiofónico nicaragüense, que dejaba en los corazones de los radioyentes una suma de momentos emocionantes.

Sin duda la radionovela más difundida en Nicaragua fue “El Derecho de Nacer”, del dramaturgo cubano Félix B. Cagnet, con actores nicaragüenses de radio como José Dipp McConell, Zelaya Lacayo y más. Recuerdo que tras llegar a “hacer la diaria visita” a mi novia de aquel entonces, ni caso me hacía por estar pegada al parlante del radio receptor de su casa. Mientras yo me consumía en la espera.

La industria de las radionovelas –para Centroamérica- tuvo su principal proveedor: la farándula cubana, antes de Castro. Ese arte procedía de las zarzuelas y comedias españolas llegadas a Cuba -que había sido colonia de España-, arte que devino después en radio. Cuba, más que México fue el país que exportó hacia la radiodifusión hispanoamericana el más rico volumen de radionovelas para disfrute de la audiencia nacional.

Mi padre, el doctor Juan Velásquez Prieto (1912-1956), propietario de la Voz de Nicaragua, innovó las radionovelas. En 1948 adaptó en radio dos famosas novelas estadounidenses: “Cumbres Borrascosas”, de Emily Brönte y “Que el cielo la juzgue”. Yo tuve en mis manos aquellas hojas del papel aéreo de antaño, con los diálogos impresos con viejas Remington de los personajes de las obras. Ya adulto he leído ambas obras y admito el delicado trabajo que conlleva adaptar una novela a la radio. Recuerdo a actores grabando voces y sonidos con puertas falsas, pasos, zinc para simular relámpagos, trozos de madera para imitar galope de caballos.

No se ha escrito, como legado, la historia de la industria de las radionovelas en Nicaragua. Ignacio Briones Torres, “Nacho para mis amigos”, como decía él, fue el primero en escribir una historia de la radiodifusión y después otros actores de la radio de antaño, como Joaquín Absalón Pastora, han escrito otros textos, pero sobre la historia de la radiodifusión, no sobre la historia de las radionovelas, que era el atractivo más lucrativo de las radios de aquel entonces.

Términos técnicos de publicidad como “costo por millar” o raiting”, no se analizaban en aquellos años cuando el imperio de Radio Mundial era inconmovible; esta radio y su propietario don Manuel Arana Valle -por sus inversiones en la industria de las radionovelas- era la radioemisora cumbre en el dial nicaragüense. Los nicas solemos evocar cines, calles, avenidas, cantinas, otros lugares similares, edificios, lugares públicos de la vieja Managua, pero no hay un texto sobre la historia de las radionovelas. Nadie ha tenido la iniciativa de hacer un Salón de la Fama del Arte Nicaragüense, para evocar actores y actrices de radio tan queridos por el pueblo. Aún viven Tapia Molina, Pastora, Marta Cansino, y más.

Ningún programa nacional de nuestra actual televisión ha tenido la audiencia que tuvo “Don Cándido Suave”, con su personaje doña Robustiana Ronca Fuerte. Hoy en día los culebrones en TV son más lágrimas que arte y lamento su excelente tecnología invertida en tan baratas telenovelas de paquete. Ahora la TV domina el espectro radiotelevisivo. Pero la radio es un medio más rápido, más penetrante y más barato. Con el paso de los años, pueda ser que la TV cese y ceda su lugar a la informática. Pero la radio y sus novelas que proceden de la literatura, son inconmovibles.

 

* Abogado y notario.

Juan3722@yahoo.com

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