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Si bien es cierto que los valores morales se predican en primer lugar con el ejemplo, sería contraproducente que los Estados Unidos aconsejaran a sus discípulos, colombianos por ejemplo, de incumplir los fallos de los tribunales internacionales tan descarada, abierta e impunemente como ellos lo hacen.

El récord de los Estados Unidos en relación a los fallos de tribunales internacionales y consejos de naciones es simplemente que les valen.

Cumplen y sobretodo hacen cumplir a los otros a la fuerza cuando les interesa que así sea. De otro modo no intervienen. Es el dolorosísimo caso de la dominación de Israel en el Medio Oriente. Donde Israel no cumple ninguna ley, declaración, juicio o condenación, y los Estados Unidos aprueba y apoya. Se ha dicho que Israel es virtualmente un Estado de la Unión.

Pero más allá de permitir y proteger la impunidad de sus diferentes lugartenientes en el mundo (ojalá Colombia, sembrada de bases militares yankees, no sea nuestro próximo Caín y aliado del opresor común), los Estados Unidos tienen su propio récord de incumplimientos.

No hay aquí espacio para la letanía de sus incumplimientos y rechazos a la conciencia internacional, que debería incluir su rechazo a ser juzgado por atrocidades militares ante instancias internacionales, su no participación en iniciativas internacionales como la protección al medio ambiente y su incumplimiento en el para nosotros particularmente delicado tema de las indemnizaciones que esa nación le está debiendo a Nicaragua, entre otras cosas por la sangre derramada en la guerra que nos infringieron, según dictaminaron tribunales internacionales que estudiaron con detención la evidencia.

La verdad es que si algo nos muestran los Estados Unidos, el país con la mayor fuerza militar en el mundo a comienzos del siglo XXI, es que la humanidad no ha alcanzado todavía el desarrollo moral para que los detentores de la fuerza se inhiban de utilizarla para atropellar al resto del mundo.

Es una ley que conocemos todos en diferentes ámbitos de nuestras vidas, y que seguramente nadie deja de utilizar alguna vez. La ley del más fuerte, la ley de la selva.

Esperemos que esa racionalidad –una opción reservada, por definición, a los más fuertes- no se aplique en otros lugares de nuestro continente y la racionalidad y medida que los tribunales de La Haya han impartido en el conflicto entre Colombia y Nicaragua se resuelva sin violencia y sin la prepotencia de la fuerza, a la manera de los imperios.

* PhD en Lingüística del Instituto Tecnológico de Massachussetts (MIT).