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Sigo sin entender los frutos de la cosecha de los viejos. Ellos nos enseñaron a compartir, pero en cuestión de secretos se quedaron rezagados y hasta supersticiosos en algunos casos. Los viejos enterraron sus pertenencias muy rápido y nosotros ni siquiera nos dimos cuenta de sus instrumentos porque hablar de sus herramientas es otro asunto tan particular que da pena apuntarlo.

Los viejos o los traicionados por ellos mismos y por nosotros, no fuimos capaces de anular sus intrigas y mucho menos compartimos sus dudas. Llegamos a ellos arrepentidos y no sinceros.

No sé si existe una clave para volver a oír sus voces en la franja perdida de la infancia. Mis viejos, no se acomodaron para socorrer mis lágrimas, fueron muy aventados para enseñarme a sostener el filo de mis llantos en la madrugada y con todas las razones del futuro. A ellos, mi infinito agradecimiento y sus portales de soñadores son mi ejemplo de siempre.

En una mañana de estas sin carpa y sin sombra, vi a unos viejos saltar con sus miradas el cuello de una joven hermosa y saciarse con sus fríos resuellos. Tengo a un viejo como protagonista de la luz que sale de una montaña de dudas.

Los viejos son como los sueños sujetos de otro universo siempre enviando mensajes a la órbita de la tierra. En tanto, los apasionados, los que vivimos de sueños nos encontramos en las redes de todo su rocío.

Ayer que puede ser hoy o el día siguiente, nos hace falta para contemplar el ánimo de sus gruesos soles, que al ritmo de sus corazones robles vibran de infinito amor para estar y volver en los días de preguntar. ¿Dónde está el otoño cargado de palabras sublimes? ¿Dónde las manos trasegando angustias? ¿Dónde los caminos soltando amaneceres estremecidos?

En esta siguiente estampa de escenas sufridas, habladas, y contempladas, está el viejo rostro de mi padre, ese silencio mullido de aquel Rafael, que se quemó en la pobreza de mi recuerdo. Que me hizo saber el desconocido albor de una melodía fluyendo en la insensatez. ¿Por qué me opuse al encuentro que nunca se pudo dar? ¿Por qué me fui a visitar otra agua detenida?

Don Rafael se mantuvo lejos de mi aire, y muy cerca de la vejez del patio frondoso. Del chilamate y las plazas semblantes de la ciudad de Masaya.

* Poeta y periodista.