Por Aldo Díaz Lacayo
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En mi reciente artículo “Sin partido la revolución es difícil”, el corrector de pruebas de EL NUEVO DIARIO me cambio la palabra modernicista por modernista (segundo párrafo, quinta línea). Entiendo que él lo hizo por razones gramaticales, porque la palabra modernicista no aparece en el diccionario. El problema es que mi artículo es de naturaleza político-ideológica y no literaria.

Como yo lo entiendo, en términos político-ideológicos el modernicismo implica una racionalización de la modernidad. Es decir, el uso del concepto modernidad en términos lógicos pero no sentidos; como un pretexto, generalmente inconsciente, para justificar una decisión. En el caso político-ideológico a que yo me referí, la justificación del abandono de la orientación histórica del Frente Sandinista.

De todas maneras, con independencia de la naturaleza de mi artículo, el idioma lo hacemos quienes escribimos, cuando decidimos recoger el habla del pueblo, o de los círculos de especialistas, que son los verdaderos hacedores del idioma. Y, como a todos nos consta, en las dinámicas circunstancias que vive el mundo, constantemente aparecen y desaparecen neologismos, en todos los ámbitos del idioma.

Pero no fue ésa la única corrección que cambia lo que yo quise decir, y desde luego confunde al lector. También el corrector me cambió la expresión Por de pronto,  dejándola en De pronto (décimo párrafo, primera línea). En mi opinión la expresión que yo usé, aparte de obedecer al habla popular, implica lo que está sucediendo en un momento determinado, y por lo mismo puede cambiar. Mientras que la corrección da a entender la emergencia de algo, sin más consideraciones. No es lo mismo decir “Por de pronto, la contradicción ha tomado cuerpo...”, que “De pronto, la contradicción ha tomado cuerpo...”

¡Por favor, compañero corrector! La gramática, el diccionario, la filología no son fuentes del idioma, sólo pretenden sistematizarlo.