Francis Bustos Msc
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Actualmente, la migración es la llave del bienestar económico y de la conexión social de las sociedades industriales, debido a los cambios demográficos. Estudios de la Organización de Naciones Unidas (ONU) no niegan que la mayoría de emigrantes realizan el trabajo que los nacionales del país receptor no quieren realizar, y que en numerosos casos reciben un salario por debajo de lo que establece la ley debido a su condición de ilegalidad. Potencialmente los emigrantes aumentan la demanda de bienes y servicios del país receptor, lo cual sufraga la economía, relaja la carga de los sistemas de pensiones, que se ven exhaustos por una población envejecida y un menor número de nacionales en edad de trabajar. Asimismo, para los emigrantes representa una posibilidad de empleo y sustento para sus familias, los latinoamericanos en el exterior remiten cada año más de US$ 35 mil millones en remesas a sus familiares. En ciertos países de la región, las remesas significan hasta el 25% del Producto Interno Bruto (PIB). Considero que la mitad de todas las personas que viven fuera de su país de origen son económicamente activas, y si sumamos a sus dependientes, fácilmente se estima que  el 90% del flujo global migratorio está relacionado con la búsqueda de empleo.

A pesar de las ventajas económicas del emigrante, no podemos obviar las consecuencias negativas del fenómeno migratorio, tales como la desintegración familiar, el éxodo de una mano de obra innovadora; traducida en un creciente subdesarrollo para su país de origen. Este contexto los estaciona en una situación de riesgo conexa al negocio de tráfico y trata de personas, que ya no pueden sobrevivir en su patria, cifras de este “negocio” superan los 15 mil millones de dólares; conjuntamente hay una trata y tráfico humano relacionado con el mercado de servicios sexuales. Y por ser este un negocio lucrativo-clandestino para los propietarios, mujeres, hombres y niños padecen abusos justamente por no poder ingresar legalmente a un país. Según estadísticas, más de 20 millones de latinoamericanos han emigrado porque en su país natal, la sociedad acaudalada y el gobierno de turno, no fueron capaces de construir la plataforma para una vida digna y un futuro sobresaliente. La ausencia de inversión nacional y extranjera en países como Nicaragua -con capital cautivo por una minoría, particularmente por la clase política- es a mi criterio el eje principal del fenómeno migratorio nicaragüense.

La globalización ha generado una demanda creciente para una mano de obra internacional en los países industrializados, la limitante es que a pesar de existir una multitud de desempleados, las directrices de las políticas internacionales y nacionales de migraciones es que en vez de abrir la puerta a  la migración legal para el trabajo, continúan manteniendo políticas de migración humillantes, restrictivas y crueles. Como nicaragüense creo que el gobierno de turno debe ver más allá de su nariz y no pensar con un dedo de frente, todo lo contrario; ostentar una actitud humana y proactiva con su pueblo, mantener una relación sociable e inteligente con todos los Estados para formular políticas migratorias correspondientes con la demanda real, no solamente para profesionales, sino también para trabajadores menos calificados que puedan laborar en un ambiente de legalidad, además, tener una política de recepción vasta relacionada con la oferta de trabajo en todos los sectores; asimismo una política de inspección de trabajo y reforzamiento de condiciones de igualdad para todos los trabajadores. Los extranjeros deben favorecerse de una equidad de tratamiento en el trabajo con los ciudadanos, con los nacionales, y deben fortalecerse las posibilidades de libertad sectorial y mecanismos legales, para que los derechos de los emigrantes estén completamente garantizados.

Latinoamérica tiene su propia realidad política, legal, social e histórica, que debe valorarse; de igual forma el contar con otras experiencias que funcionaron en otros países tiene un valor informativo que podría ser útil para compensar la migración de forma humana. Para lograr la integración entre la población emigrante y los nacionales, y obtener condiciones de trabajo digno, es primordial que gobierne la inteligencia a fin de conquistar la cooperación nacional e internacional ante esta problemática. Como seres humanos estamos comprometidos por las injusticias del fenómeno migratorio, estamos obligados a trabajar en liga para motivar que todos los países no solamente incluyan en sus legislaciones nacionales las normas internacionales de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), “sino ante todo, estas se cumplan”, de no ser así no tienen resultado alguno; estas normas deben ser activadas por el sistema jurídico de cada país.

“El fenómeno migratorio se activa al contorno de reflejos capitalistas en el afán de encontrar trabajo asalariado para sobrevivir, es por ello que para la mayoría de latinoamericanos, emigrar es la salida, y es en este santiamén que el hambre puede más que la cepa, los hábitos y las tradiciones”.

licbortzf@yahoo.com