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El 19 de noviembre pasado, la Corte Internacional de Justicia de La Haya, máximo organismo jurídico de las Naciones Unidas, dio un contundente nóckout a Colombia con una derecha jurídica inapelable, a favor del pueblo de Nicaragua.

Casi 210 diez años de pretensiones colombianas terminaron ese día, pues desde 1803 que a Colombia se le hizo cargo de la seguridad de las islas de San Andrés y Providencia para protegerlas de los bucaneros y corsarios ingleses y holandeses —a solicitud de la Corona Española y por la debilidad de la Capitanía de Guatemala—, este país siguió ocupando la zona por la fuerza, y convirtiéndose de hecho en los nuevos corsarios y piratas.

Las guerras civiles de toda la historia de Nicaragua y las numerosas intervenciones norteamericanas fueron y han sido los factores más importantes para que nuestro país y su territorio fuesen carcomidos por nuestros vecinos depredadores, sobre todo los del Sur.

Con la continuada intervención norteamericana solicitada a mediados de los años 20 del siglo pasado por Adolfo Díaz Recinos, también nos llegó el Tratado Bárcenas-Meneses-Esguerra el 24 de marzo de 1928, promovido por Estados Unidos para compensar a Colombia, con nuestro territorio marino, por la independencia de Panamá, gestada también por Estados Unidos para construir su Canal a comienzos del Siglo XX.

La historia nos demuestra hoy, una vez más, que solamente unidos se pueden vencer todos los retos, pues además del trabajo brillante y permanente del doctor Carlos Argüello y su equipo en La Haya, la política coherente de todos y cada uno de los gobiernos en torno al caso, desde cuando se decretó la nulidad de aquel infame Tratado, el 1 de febrero de 1980, la demanda de Nicaragua rindió sus frutos.

Creo que es el momento de crear una institución —o reforzar las que ya existen— con todas las armas jurídicas y recursos para que promueva nuestra identidad, nacionalidad y conocimiento de nuestras raíces históricas y tenerla como elemento básico para la educación de los jóvenes del país.

Aunque no todo fue ganancia, pues de acuerdo a mismo fallo, Nicaragua no pudo recuperar todas las islas de su territorio marino, las cuales siguen en manos de Colombia, pero recuperó más de 90 mil kilómetros cuadrados de mar –con el que no contábamos hasta hace un mes-- y que Colombia mantuvo, y aún mantiene por la fuerza, pues su gobierno se niega a reconocer el fallo de La Haya.

Nicaragua puede y debe reclamar en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas el cumplimiento del mismo, aunque Colombia se haya apresurado inútilmente a desconocer el Pacto de Bogotá que compromete a los firmantes a cumplir los fallos de la Corte Internacional de Justicia.

Hoy, como siempre, estoy más seguro de que nuestro Ejército Nacional sabrá defender y proteger nuestra Soberanía Nacional y que seguirá luchando con la misma contundencia y éxito contra el crimen organizado y la delincuencia internacional relacionados con el narcotráfico que, precisamente, nos llega de Colombia.

Masatepe, 12 diciembre de 2012