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Hace poco más de sesenta años algunos filósofos de Europa occidental pronosticaron el fin de las ideologías. Que la lucha entre el capitalismo y el comunismo era completamente estéril. Que las luchas ideológicas solamente perjuicios causaban a la humanidad.

Como había una fuerte corriente de opinión que sostenía que en el fondo la verdadera lucha se estaba librando entre el marxismo y el cristianismo, el cura francés Henri Grouès, conocido mundialmente como el Abate Pierre, el “ángel de los pobres”, con arrebatos de hereje, y con una posición también desideologizante, predijo que el progreso de la humanidad no se estaba jugando tampoco en la discusión de si el Capital de Marx iba a prevalecer sobre la Suma Teológica de Santo Tomás o viceversa. Que el progreso integral de la humanidad iba a depender de más salud, más educación, más viviendas, más agua potable, más luz eléctrica, más teléfonos, más carreteras.....

Si la profecía del Abate Pierre la actualizáramos con el desarrollo de la informática, de la ingeniería genética, la astrofísica ...., y con la cada vez más estrecha interdependencia de las naciones en un proceso que terminará haciendo de este mundo una aldea global, tendremos que concluir dándole la razón a los que consideran que los conceptos de izquierda y derecha han perdido vigencia. Todavía los izquierdistas hablan de estos conceptos, pero para defender sus intereses, no por cierto espirituales.

Debo confesar que yo nunca he entendido muy bien estos conceptos. Yo no entiendo, por ejemplo, lo que tienen políticamente en común -“ambos son de izquierda”- el ex presidente Lula de Brasil y Pedrito el Hondureño, así como tampoco entiendo por qué muchos programas de partidos políticos de derecha en Europa, serían programas casi de extrema izquierda en algunos países latinoamericanos. Tal vez la enorme relativización de estos conceptos, más lo que no entiendo, han sido las causas por las cuales yo nunca haya podido perfilar con claridad la conducta politica de los pobres de derecha y la de los millonarios de izquierda.

¿La pérdida de vigencia de los conceptos de izquierda y derecha, significa que solamente nos queda el centro? Sin entrar a considerar el centro, como un género literario de la política, sino más bien como un concepto de geometría política, el centro debe concebirse dentro de un círculo. Me explico. La geometría política, una geometría de instrumentos conceptuales, ubica el centro únicamente dentro de un círculo. Políticamente el centro está situado dentro de una superficie plana contenida dentro de una circunferencia.

Ahora bien, el centro en cuanto punto interior del cual están equidistantes todos los puntos de la circunferencia, es completamente fijo. Cualquier movimiento lineal del centro, por muy pequeño que sea, lo desnaturalizaría. Dejaría de ser centro. Precisamente por esta razón, por su naturaleza estática, el centro no puede constituirse en el motor de la historia. Es más, el centro es anti histórico.

Por otra parte, el centro no responde a ninguno de los principios de la lógica, porque la lógica, inclusive la de la historia, es una lógica en movimiento. No puede ser tesis, ni antítesis, ni podría ser síntesis porque su inmovilismo le impide convertirse en tesis. Solamente una revolución geométrica haría posible mover el centro a cualquier lado del círculo sin dejar de ser centro, lo cual es más difícil que demostrar la falsedad del principio lógico de contradicción.

Descartada la izquierda, la derecha y también el centro, la dialéctica de los acontecimientos nos indica que la única posición política que se debe defender a ultranza en Nicaragua es la que propugne por el restablecimiento de nuestra antigua vocación, de nuestra costumbre, por el trabajo -“por el trabajo eficiente- costumbre que muchos han perdido, principalmente nuestros políticos, que viven, como dicen en Puerto Rico, hablando mielda todo el día.

Yo nunca creí que el desarrollo integral de un país dependiera de diestras o siniestras. Yo no creo que Nicaragua estuviera en el paraíso terrenal si Emiliano Chamorro permaneciera todavía en el poder, ni creo que este país fuera altamente desarrollado si hubiera tenido por más de cincuenta años a Pedro Altamirano como gobernante. Me refiero a Pedrón, que dicen que era de izquierda. El desarrollo se debe a otras cosas. Se debe a lo que decía el Abate Pierre. Se debe a más salud, más educación, más viviendas, más agua potable, más luz eléctrica, más carreteras..., y esto se consigue solamente trabajando, y trabajando bien y honradamente, como lo ha hecho Japón, Taiwán, Corea del Sur, Singapur, etc..