• Managua, Nicaragua |
  • |
  • |
  • elnuevodiario.com.ni

La retórica de sus discursos era impecable y oficialmente marxista. Andaban en los pasillos de las universidades con libros de literatura marxista-leninista y marxista-maoísta entre el sobaco.

En sus mochilas cargaban más libros de izquierda que municiones. La mayoría recitaba definiciones materialistas dialécticas sobre la naturaleza y la sociedad. Pero comenzaron a oler el poder junto a su crecimiento económico, y de repente… “religiosos”.

Ahora proclaman ideas revolucionarias a la par que difunden, veneran y utilizan símbolos y ritos religiosos. ¿Se trata de oportunismo y demagogia? Fácil respuesta. Lo que no sería acertado, es hablar de sincretismo.

Es que no se trata de dos corrientes religiosas –aunque practiquen su “socialismo” como religión— fusionadas por la costumbre, ni algo nacido espontáneamente.

La fusión que hacen entre lo político y lo religioso no es acto sincrético, es artificial, calculado, premeditado, programado, como todo lo que se busca con fines concretos.

Cuando un líder, dirigente o caudillo político “fusiona” en su discurso y en su práctica lo ideológico revolucionario con lo ideológico religioso, es más un demagogo que un exponente natural de una práctica sincrética. Obligado es insistir: su acción es mecánica, diferente a una costumbre; además, es un acto individual movido por mezquinos intereses.

No es una actividad colectiva, surgida de una práctica social con tradición, como son las festividades y los ritos pagano-religiosos de las fiestas patronales. (Aunque, cuando estas actividades sincréticas son utilizadas con fines políticos, se convierten en otra cosa).

Son muchas las motivaciones que impulsan a individuos de ambos sexos, que dicen ser socialistas y contradicen su decir, cuando mezclan el socialismo con símbolos religiosos que no les pertenecen.

También son variados los efectos que esta práctica produce en los sectores sociales bajo su influencia y en los mismos personajes que utilizan esos recursos.

Como ejemplos, podemos ver:

1) Al que no es revolucionario ni es religioso, sino que finge ser ambas cosas con fines políticos personales; 2) al que finge ser ambas cosas, pero las práctica según la ocasión y a su conveniencia; 3) al que se dice revolucionario, pero lo ejercita igual a un rito religioso; 4) al que practica los ritos religiosos “por si acaso hay cielo”, y pregona conceptos revolucionarios para mantener una falsa imagen ante sus partidario; 5) al que le da lo mismo creer o no creer, pero le saca provecho a su posición política y a su práctica “religiosa”; 6) al que hace demostraciones de fe religiosa en público –y tal vez también en privado—, por temor, y se adelanta a ganar indulgencias.

Naturalmente, existen otros tipos, como: el todo terreno, o sea el que reúne en sí varias o todas las características señaladas; y el creyente puro, que acepta, sin mínimo de duda, todo lo que lee, oye y se imagina respecto a lo religioso.

Aparte y a diferencia de todos esos tipos, está el creyente sincero, quien cree también en la justicia social y lucha por ambas en cualquier terreno y capaz de aportan cualquier cuota de sacrificio.

Este creyente, no se rinde ante las mieles ni las amenazas del poder; no trafica con su fe ni con sus convicciones y no coincide en nada con los individuos de las categorías señaladas.

(Y si usted es creyente de estos últimos, piense que el no creyente tiene igual derecho de no creer. Piense de él por lo que hace, no por lo que usted cree. Y no atribuya a “pecado” su manera de pensar, porque seguramente no le importará).

Lo que vale es una actitud humanista para ayudar a la gente humilde caída en la trampa de oportunistas y demagogos. Es algo que puede hacerse con sinceridad desde todas las posiciones, porque esa gente es victimizada, le han enajenado su conciencia.

Duele ver rostros desfigurados por el fanatismo ante el líder que consideran un santo; igual duele cuando vemos al líder fingir santidad ante los humildes. Estamos ante un fanatismo inculcado, promovido y aprovechado por líderes políticos que solo tienen en cuenta su cuenta bancaria, la cual les crece junto a la pobreza y la credulidad de los humildes.

Tipos así, manipulan por igual al cristianismo y al socialismo.

* Escritor y periodista