Sergio Simpson
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Daniel Ortega debe escuchar a la militancia del FSLN y separar aduladores y mafiosos, aunque los primeros conforman la servidumbre y los segundos generan ingresos económicos al partido y la cúpula de la cual forman parte. La correlación de fuerza desfavorable amerita reflexionar sobre los hechos y corregir errores.

La denuncia del alcalde Dionisio Marenco es seria, asegura que la primera dama Rosario Murillo le llamó traidor y él sabe que ese calificativo en el FSLN significa condena a muerte. No debería haber amenaza de muerte por criterios.

No es novedoso el cuestionamiento entre los “altos cuadros” y hacia ellos de parte de las bases del FSLN. Ha existido una lucha permanente de ideas, aun cuando desde el triunfo de la revolución en 1979 la centralización del poder y los intereses particulares del liderazgo oprimió más el crecimiento ideológico del FSLN para consolidarse como izquierda.

Durante los años ochenta la guerra fue excusa para obedecer, como militares, al mando. La orden bajaba, no se discutía, o se discernía hasta un límite operativo no conceptual. Cada uno de los comandantes regía un feudo, incuestionable, y en la escala de mando se reproducía el orden.

La contradicciones entre ellos fueron llevadas muy bien y limadas en reuniones de Asamblea Sandinista Nacional, incluso se llegaba al nivel regional de cuadros con cierta condescendencia a criterios opuestos cuando no ponían en peligro el cumplimiento de la orden.

 No es cierto que en el FSLN haya existido en esa época gran apertura para el debate de ideas y el cambio de sistema, indudablemente se programaron acciones que beneficiaron a miles de trabajadores y campesinos, pero no estaban encaminadas a la construcción de una sociedad justa, libre, y sin la opresión de la clase en el poder sobre los otros.

La inserción de miles de combatientes en la lucha contra Somoza aumentó la cantidad de líderes en la organización guerrillera, pero no proporcionalmente en las estructuras de mando, el círculo siempre fue cerrado y apenas se abrió a burócratas burgueses o pobres combatientes que en el poder se convirtieron en burgueses. El resto de personas, cercanas al mando, fueron y siguen siendo la servidumbre de los jefes.

Izquierda cooptada por capitalismo

Con la derrota electoral en 1990, la repartidera de bienes materiales y monetarios ubica quien es quien en la estructura del partido. Al llegar la “democracia” los antiguos dirigentes guerrilleros adquirieron más y legalizaron su fortuna personal, ingresaron bien protegidos al mercado capitalista que evidentemente los quería destruir. Cuadros regionales y municipales del FSLN también acumularon capital.

Miles de sandinistas fueron corridos de sus empleos en el “estado democrático”, miles de trabajadores perdieron empresas y fincas, miles huyeron del país, miles se enfermaron, miles de lisiados fueron abandonados, fueron pocos los que crearon y multiplicaron fortuna vinculados a las “autoridades democráticas” o por medio de su poder en las estructuras del estado.

Entre los pocos, por supuesto se encuentran dirigentes del FSLN, unos con más y otros con menos dinero, la mayoría ansiosa de consumir capitalismo, figurar bajo los valores de la cuestionada cultura política nacional, la que la derecha ha construido y estos del FSLN comparten ahora.

Es demagogia discursear contra la derecha si el comportamiento es similar. Opinaría lo contrario si el FSLN trazara una política social de capitalización de los pobres, y fuera consecuente con el discurso, es decir opuesto a la política tradicional, derechista, y opresora de todos los tiempos, incluido el período de la revolución sandinista de los ochenta.

Sandinistas marginados exigen ser escuchados

Miles de combatientes sandinistas quieren ser escuchados y establecer relaciones de respeto entre los dirigentes que sean electos, conforme estatutos, y los militantes de la organización. Suficiente fue diecisiete años de marginación social, económica y política con gobiernos derechistas.

Las contradicciones se acentúan ahora que preside el gobierno el Secretario General del FSLN, Daniel Ortega, puesto que las demandas de los sandinistas son inaplazables. No existe excusa para el autoritarismo, la verticalidad, la servidumbre, la corrupción en el partido ni para la pobreza económica y mental.

Es inadmisible que el FSLN sea llevado hacia la destrucción de ideales revolucionarios, de izquierda, considerados sobre la base del análisis de los cambios de relaciones de poder entre millonarios y pobres, sustentado en derechos y deberes de unos y otros.

Muchas concepciones de directivos del FSLN coinciden con la derecha, hasta en el consumo y la personalidad; y sus relaciones socioculturales poseen vínculos sanguíneo-mentales. Daniel Ortega y su esposa, con poder sin la venia del partido, actúan similar o peor que los políticos de derecha, con la salvedad del discurso diferenciado.

Violeta Barrios de Chamorro nombró primer ministro a su yerno Antonio Lacayo. Arnoldo Alemán regaló joya, fiesta y paseo a su prometida, comprada con dinero del erario; creó las Juntas Comunitarias como organización captadora de clientes políticos. Enrique Bolaños, violó la ley al recibir dinero del erario como pago de propiedades confiscadas por el FSLN en los ochenta, contrató a parientes aumentando el nepotismo, nunca vio la corrupción de Alemán. Tampoco Eduardo Montealegre sabe algo de corrupción mientras fue ministro de Alemán y Bolaños. Ni los otros, más los demás y las otras conocen la corruptela bancaria.

Urge diálogo nacional en el FSLN

Deben darle un giro al FSLN. Es inadmisible que las mujeres mueran por complicaciones durante el embarazo, es insoportable que no hayan elecciones limpias y sigan los mismos maniobrando para reelegirse, no pueden ser “los cuadros” del partido de izquierda remedo de valores ideológicos de la derecha: Consumo de pocos y violencia contra miles.

Miles murieron, otros miles sin padres, madres, hermanos, parientes, novias, esposas, amigos, compañeros, camaradas, arriesgaron la vida combatiendo a la guardia somocista y luego defendiendo la revolución. Otros tantos contrarrevolucionarios padecieron los dolores y odios de la guerra. Sin embargo, millones, el 70 % de nicaragüenses, viven miserables.

El FSLN es del pueblo, no de un grupo que se enriquece en nombre de ese pueblo pobre, vejado, manipulado, ignorante, famélico. El FSLN debe ser del pueblo, un instrumento partidario que le beneficie, que le capitalice, que cambie las relaciones de poder en la lucha de clases.

La militancia del FSLN, sin calificativos ni descalificaciones, debe exigir volver por los principios, demandar inmediato un diálogo entre las bases del partido y la elaboración de propuestas técnicas, científicas, no demagogia y discurso vocinglero.

Todo combatiente sandinista tiene derecho de hablar y proponer, y criticar para contribuir a corregir los caminos que obligan a los pobres a viajar por la ruta de la desgracia, de la desigualdad, de la ofensa al sentido común (de la comunidad) y la imposición del sistema retrógrado contra el cual luchamos.

Daniel Ortega se atribuye la responsabilidad absoluta pero no la puede llevar sólo con ese reducido grupo de la corte, tiene la responsabilidad de convocar al partido a sesión seria, responsable, con propuestas de cambios sustanciales.

Si los dirigentes del FSLN no convocan a sesión permanente, la militancia del FSLN debe manifestarse públicamente desde el territorio. Tiene el derecho ganado con sudor, sangre y pensamiento.

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