Jorge Eduardo Arellano
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Ph.D.


El mes de septiembre proyecta un encanto especial.

El verde múltiple recrea un paisaje maravilloso, rico, vigoroso, exuberante, todo crece en un abrazo prodigioso de lluvia y sol. La naturaleza invita al optimismo, es expresión de vida.

Septiembre también hace reverdecer la historia, retomando las personas, hechos y momentos que han sembrado en el espíritu de los nicaragüenses espacios de gloria y de esperanza.

En este despertar patriótico se hace presente lo sublime de nuestros próceres, juristas, poetas, soldados y mártires, junto a nuestros símbolos patrios, acompañados por el accionar de los estudiantes de nuestros centros educativos con sus vestimentas de gala, el ritmo de sus pasos y el sonido combinado de tambores y trompetas. Alegría contagiosa y entusiasmo altivo removiendo la conciencia de la propia educación.

Es cuando la Patria se convierte en la gran asignatura de la educación nacional y cuando su esencia penetra para siempre en la conciencia y vida del estudiante, ciudadano, nica por gracia de Dios. Es cuando el sentimiento y fuerza de la Patria toma posesión para siempre de la identidad del estudiante. De ahí la necesidad de dar el mayor despliegue de belleza, emoción y sentido a toda la celebración conmemorativa de nuestro nacimiento (1821) y confirmación (1856) como nación soberana e independiente y de aprovechar la oportunidad excepcional de convertir esta concentración de Patria en un verdadero proceso educativo que como tal debe destacar significados profundos y trascendentes para la vida personal y ciudadana.

De esta manera la Patria se hace algo intrínseco e inseparable de nuestro ser, nos identificamos con ella, con amor y orgullo. Se trata de una especia de asalto educativo que penetra en el espíritu de los estudiantes y permanece a lo largo de toda la vida. La Patria, la que exaltamos estos días, la que vivimos muy dentro con emocionante silencio y con júbilo bullicioso se constituye en el factor educativo clave de nuestra nacionalidad. La Patria educa, nos enseña, nos hace suyos para ser parte de nuestra personalidad.

De la realidad de Patria, de su núcleo creativo y generador de vida y en ocasiones de heroísmos, los estudiantes amplían sus fronteras emocionales para entrar en el concepto de Nación que nos ubica en el consorcio de las naciones del mundo, con las fronteras que definen su territorio y como Estado soberano igual que cualquier nación.

La Nación también despliega en los estudiantes un rico proceso educativo al conocer el valor de la Constitución Política, el intercambio de tratados internacionales y el significado de la soberanía y los medios para defenderla.

La Patria, la Nación, reciben también el nombre de País, una connotación adicional más dinámica en su referencia al desarrollo, señalado por variables que lo van ubicando en la dinámica del desarrollo y en la realidad de sus limitaciones y carencias económicas, sociales y culturales. El país es la cara más cercana y visible de la Patria y de la Nación, es su cotidianidad. Nadie duda que Nicaragua es un país de excepcional belleza, de enormes recursos naturales y humanos, y también de enormes contrastes humanos. Nicaragua son las isletas del Lago Cocibolca y las casas de cartón y plásticos cercanos a los cauces de Managua. Así el concepto País se relaciona más directamente con el concepto Pueblo, la dimensión verdaderamente humana de Patria, Nación y País. El Pueblo viene a ser el espacio realmente humano, el de las personas, el de la gente, donde están radicados esos conceptos de tan profundo significado. En último término todos ellos se encarnan en gente de carne y hueso, en sus condiciones de vida buenas, regulares y malas. Una gran lección de Sociología ciudadana y de Economía diversificada, conviviendo juntas mucha riqueza con mucha miseria.

Los conceptos y significados de Patria, Nación, País, Pueblo adquieren su verdadero sentido cuando la grandeza de los mismos se mide desde la gente, incluso desde aquellos que parecen contradecir a esa indiscutible grandeza.

Nicaragua educa cuando uno se introduce en ella, tal como es, tal como aparece y tal como la tratamos. En Nicaragua siempre debiera ser Septiembre.


IDEUCA