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En unas declaraciones que di a un medio de prensa costarricense, ante la pregunta que me hizo el periodista sobre si Cuba podría jugar un papel mediador entre Costa Rica y Nicaragua, señalé que eso era perfectamente posible en el tanto Nicaragua cumpla a cabalidad con las medidas provisionales dictadas por la Corte Internacional de Justicia (CIJ) el 8 de marzo de 2011. Esto es: que Nicaragua saque a sus ciudadanos del territorio señalado por la Corte.

Costa Rica, un país de paz, agradece las iniciativas que buscan por la vía amistosa el restablecimiento de sus derechos. En el pasado reciente dos países hermanos, Guatemala y México ofrecieron sus buenos oficios que fueron de gran beneficio para ambos Estados en el establecimiento de un mecanismo de seguridad. Sin embargo, algunos medios de prensa en Nicaragua han sugerido que Costa Rica anda buscando una negociación sobre la invasión a Isla Portillos. Eso no es cierto. Costa Rica no busca negociar aspectos que son perfectamente cristalinos sobre su soberanía y sobre los hechos que han dado origen a las acciones judiciales que Costa Rica se ha visto en la necesidad de plantear ante la Corte Internacional de Justicia.

Si es cierto que, cuando Nicaragua ha pretendido acercamientos, nosotros lo hemos aceptado gustosamente, con la única y expresa condición de que desaloje a los ciudadanos nicaragüenses que tienen presencia en la zona objeto del litigio.

He señalado, porque es cierto, que Nicaragua ha promovido la participación de mediadores, que es un acto de sensatez que refleja el hecho que las diferencias entre países hermanos pueden y deben ser dirimidas, como un asunto de principio, por medio del diálogo. Es contradictorio, sin embargo, que a pesar de esos acercamientos, Nicaragua no cumpla a cabalidad con lo ordenado por la CIJ. El diálogo tiene que estar aparejado con acciones de buena fe que demuestren el fiel compromiso y cumplimiento del derecho internacional. Esto es ni más ni menos lo que Costa Rica pide, porque es lo correcto.

Costa Rica y Nicaragua tienen en común todos los aspectos que hace de ambas naciones pueblos hermanos. Compartimos historia, la geografía y objetivos comunes, como lo es el desarrollo y el bienestar para nuestros pueblos. Nuestras diferencias, que también forman parte de nuestra historia, deben resolverse definitivamente, y Costa Rica siempre ha creído que la primera forma de dirimir esas diferencias es por medio del diálogo. Pero el diálogo por sí no es suficiente para lograr compromisos duraderos, es necesario que ese diálogo sea conducido de buena fe, genuinamente busque un resultado equilibrado, se apegue estrictamente a los compromisos internacionales que hemos asumido entre nosotros, y se respete plenamente los derechos y la integridad territorial de cada país con arreglo a lo dispuesto en el Tratado de Límites de 1858 y los otros instrumentos que lo acompañan.

En la búsqueda de un diálogo que procure propósitos ciertos, es determinante que los mitos y la beligerancia mediática cese para dar espacio a la confianza, y por eso debe rechazarse los comentarios despectivos o los titulares tendenciosos que en muchas ocasiones falsean la verdad, y que, queriéndolo o no, agravan las relaciones. Los costarricenses somos una sociedad de paz, que ha renunciado al militarismo y al uso de la fuerza para su gobernanza por más de 60 años. Nuestra democracia se basa en la búsqueda de consensos y en el diálogo franco. Esos son principios que Costa Rica quiere que rijan las relaciones con nuestros hermanos nicaragüenses.

En corto, la mesa para el diálogo está disponible y Costa Rica está lista para discutir y dirimir los asuntos que Nicaragua considere necesarios de abordar, sólo requerimos que se cumpla cabalmente con lo que dispone el derecho internacional y la Corte Internacional de Justicia.

 

* Canciller de Costa Rica.