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Nada nuevo, pero siempre humano: todo lo que se dice sentir, no es verdad que se sienta como se dice. El caso de Hugo Chávez, lo está demostrando. Todo el mundo está pendiente del desenlace de su estado de salud, aunque no todos esperan que el desenlace sea su buen estado de salud. En lo expresado a su favor tampoco hay puro humanismo. Ni en todos existe interés por la suerte del pueblo venezolano.

Unos agoreros parten de hechos ciertos, en cuanto al ejercicio mesiánico del poder político de Chávez, pero no es lo autoritario y mesiánico que les preocupa, sino la propiedad y los beneficios del petróleo venezolano.

A otros no solo les preocupa el estado físico del amigo, sino también los intereses materiales que están en juego. A través de una amistad puede haber intereses de todo orden, incluido el interés material, puesto que ninguna amistad es absolutamente pura, menos cuando es una amistad hecha sobre la base de poderes políticos. Las relaciones entre países no pueden ser solo espiritualmente solidarias; se mezclan inevitablemente intereses económicos y geopolíticos mucho más allá del tipo de relación entre las personas. Es que no solo de la amistad vive en el hombre.

¿Por qué, entonces, molestarse porque a Cuba le preocupa la muerte de Chávez y el futuro de sus negocios con Venezuela? El único país en la historia que lleva más de medio siglo enfrentando bloqueo y agresiones de parte del mayor imperio conocido, necesita, igual todo país, de esas y otras relaciones.

No es la molestia, sin embargo, el único sentimiento mezquino que se tiene respecto Cuba, sino propalar que está aprovechándose de la conducción política autoritaria de Chávez para “saquear” el petróleo venezolano. Detrás de esto, hay motivos perversos mal disimulados:

Que Cuba no recibe gratuitamente los cien mil barriles de petróleo por día de parte de Venezuela, lo cual sus críticos lo confirman cuando dicen que “…no paga con dinero, menos en dólares, sino en servicios personales que prestan alrededor de cincuenta mis especialistas que laboran en Venezuela, como médicos, maestros, militares, entrenadores deportivos y expertos en espionaje y represión, etc.”

Bien, aceptemos eso último también. Pero tomemos en cuenta que si se tratara de otros países, especialmente Estados Unidos, los calificarían elegantemente como… “expertos en seguridad”. Además, ¿acaso preparar cincuenta mil especialistas se hace con milagros celestiales? ¿Cuántos de esos especialistas pueden enviar países del tercer mundo –no bloqueados ni agredidos— a otro país, como lo hace Cuba? Venezuela necesita de especialistas; ¿y cuánto cuesta prepararlos? ¿Con que cubriría ese gasto, sino también con el petróleo?

Que los supuestos adoloridos por el petróleo de Venezuela, en verdad, están sacando lágrimas por intereses no venezolanos, porque antes de Chávez el petróleo estaba, como siempre, en su subsuelo, pero la propiedad y los beneficios de su explotación eran de transnacionales norteamericanas. No se recuerda campañas de prensa como las de hoy en contra de aquel saqueo.

Cierto, pagaban algo en dólares, ¿pero cuántos especialistas, campañas de alfabetización y otros programas sociales pudo hacer Venezuela con eso? Lo sabido es que, cuando Chávez llegó al poder, desde Estados Unidos llegaron criminales como Posada Carriles, dinero y agentes de la CIA para montar golpes de Estado, como el de 2002.

La diferencia es abismal: lo de Cuba ayuda a cubrir necesidades humanas y sociales; lo de las transnacionales ayuda al incremento de su capital.

En cuanto a las relaciones de miembros del Alba con Venezuela, no son iguales ni en todos los aspectos, como se pretende ver. Ningún país se parece a otro en desarrollo, condiciones políticas ni por las características personales de sus gobernantes. Tampoco la relación entre Ortega y Chávez, y la relación de éste con Cuba son iguales. De Ortega hacia Venezuela solo salen loas, solidaridad y rezos para el presidente Chávez.

Es imposible medir el grado de sinceridad de cada uno de los gobernantes que han establecido una relación con Chávez, ni cómo les afecta sinceramente su estado de salud. Las relaciones comerciales entre países sí, son factibles de medir y valorar. Pero no siempre existe honestidad e interés para hacerlo.

 

* Escritor y periodista.